La Coctelera

EL BLOG DE NACHO TOLEDANO

Columnas, artículos y actividades de Nacho Toledano.

7 Noviembre 2008

ORIGEN DE LA CRISIS CAPITALISTA II (Noviembre 2.008).

Publicado en el Núm. 149 (ÉPOCA II) de La Gaceta Escurialense. En el anterior capítulo de este aburrido culebrón, habíamos dejado a nuestras entidades bancarias dedicadas a una carrera de inversiones sin sentido, caracterizada por una transmisión sucesiva de productos cada vez más caros. Estos paquetes no reflejaban un valor real sobre su contenido. Los titulares de estas cosas no adquirían un bien dotado de un valor real y claramente determinado. Adquirían un producto caracterizado por estar integrado por obligaciones bancarias de dudosa rentabilidad. En concreto, estos títulos agrupaban créditos hipotecarios de dudoso cobro, cuyo único beneficio económico estribaba en el valor incrementado que, las sucesivas transmisiones dentro de los mercados financieros, les otorgaban. Cada vez valían más... pero eran simple humo. Ello traía dos asombrosas consecuencias: de un lado, que las entidades bancarias utilizaban su dinero en la adquisición de productos financieros y, de otro, que ninguno de los compradores de los mismos se detenían demasiado en saber qué era aquello... qué es lo que estaban comprando realmente. Capitalismo financiero elevado a su más alta potencia.

Los Bancos, esos mismos negocios que nos cobran comisiones hasta por pasar delante de un cajero y que, por supuesto, no se olvidan de girarnos las cuotas de nuestros créditos con exquisita puntualidad, emplean su dinero -el mismo dinero que nos cobran... nuestro dinero- en la adquisición de estos productos financieros. Compras a ciegas que nos indican -muchísimo- los criterios rectores que utilizan para estas inversiones. Y eso siendo amable ya que, por lógica, la misma exactitud que utilizan para sacarnos el dinero deberían de tener para invertirlo. Y es que nunca tienen suficiente. Es la máquina de la voracidad capitalista de la que hablábamos la semana pasada. Por eso, resulta cómica la afirmación de que nuestros Bancos pasaban -y pasan- una crisis de liquidez. Por supuesto que la pasan... porque el dinero se lo han gastado en comprar cosas. Cosas que, muchas veces, no valen ni la mitad de lo que se ha pagado por ellas.

Como el Banco se queda sin dinero por causa de operar -a gran escala- en el mercado financiero, estas momentáneas crisis de liquidez se subsanan de un modo muy simple. Como lo importante es que esta máquina irracional nunca se detenga, los Bancos se prestan dinero unos a otros. Compran y se prestan... y así siempre tienen las arcas llenas. Al mismo tiempo, también ganan dinero con estos préstamos recíprocos. Como véis, es una cadena que, comenzando en el sufrido ciudadano -el paganini sangrado constantemente por estas sanguijuelas- no deja de producir beneficios para las entidades financieras. Adquieren de nosotros su capital, y lo aumentan de muchas y varíadas maneras. Y lo más gracioso es que, si todo va bien -bien para ellos, se entiende- el riesgo de esta actividad mercantil es cero. Ningun riesgo y una asombrosa multiplicación de las sumas de beneficio.

Sin embargo, algo se ha quebrado en este engranaje increíble. Resultaba que los compradores de estos paquetes financieros de nombres rimbombantes ni tan siquiera se fijaban en lo que estaban, de verdad, adquiriendo. Sin embargo, alguien lo hizo en algún momento. Alguna entidad adquirente quiso averiguar -por la razón que fuera- en qué consistía su inversión. Casi se cae del susto, descubriendo que este papel -por el que se había pagado mucho dinerito- era tan sólo eso: un papel que no valía ni la décima parte de su precio de compra. Créditos hipotecarios imposibles de cobrar y garantizados por propiedades inmobiliarias de un valor casi nulo. La famosa subprime. Y ya estaba el lío organizado. Porque, de un lado, las entidades fueron dejando -unas tras otra y a medida que la verdad sobre estos productos timo iba extendiéndose entre ellas- de operar en el mercado financiero. Del mismo modo, y como ya no se fiaban unas de otras, dejaron de prestarse dinero mútuamente. La razón de haber cerrado el grifo no era otro que la posibilidad de que el prestatario pudiese estar infectado profundamente por estas caca inversiones. Una entidad financiera que sólo es propietaria de papel no puede devolver las sumas que recibe como préstamos. Y ante la duda... aquí nadie se mueve.

Ya tenemos el escenario del drama organizado. Un mercado financiero que, repleto de títulos sin valor que van apareciendo a lo largo y ancho del globo, ha quedado noqueado y paralizado. Y unos Bancos que, habiéndose gastado el dinero en operaciones financieras de esta clase, no pueden restituir estas sumas a su caja porque ninguno de sus compañeros se lo presta. La conclusión para el ciudadano medio no puede ser más clara... se acabó el crédito. Y no sólo eso: los intereses suben. Nuestro crédito es infinitamente más caro que cuando lo suscribimos. Llegamos a la repercusión de lo que ocurre en el abstracto y difuso mundo del mercado financiero en la llamada economía real. Dejando de lado estos conceptos, la verdad es que siempre nos caban crujiendo los mismos.

Es aquí -justamente aquí- el momento en el que continúa el despropósito. Porque el Estado, en vez de terminar decididamente con esta feria, extirpando los motivos que han ocasionado el cataclismo decide, ni más ni menos, que este tinglado debe ser apuntalado. Hacer todo lo posible para que no se caiga. En otras palabras, premiar al malo castigando al bueno. Porque esta crisis, al final, la paga el ciudadano. La persona que, honestamente, va a su trabajo por la mañana y entrega toda su vida a uno de estos tiburones. Miles y miles de millones de Euros que, directamente sacados de las arcas públicas, van a ser destinados a afianzar el sistema bancario internacional. Genial. Es como si al pirómano que ha quemado nuestra casa mientras estábamos fuera le regalamos una caja de cerillas y, además, le condecoramos. Seguiré con la serie.

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SAN LORENZO DE EL ESCORIAL, España
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Ignacio Toledano Martínez es Abogado en ejercicio del Ilustre Colegio de Madrid. Tiene 46 años. Falangista. Escribe semanalmente en "La Gaceta Escurialense" su Columna "ANCHA ES CASTILLA". Además, escribe las Columnas "DE PENOL A PENOL" en MINUTO DIGITAL y "EL ATRIL" en "DIARIO DE LA SIERRA".

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