"LA ROJA" Y EL PATRIOTERISMO (Julio 2.008)

Publicado en el Núm. 134 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".
Confieso que no me gusta el fútbol. Pongo esto por delante para anunciaros que no tengo ni pajolera idea sobre los recovecos técnicos de este deporte, los cuales constituyen verdaderos arcanos misteriosos para mí. Sin embargo, he vivido la alegría de nuestra Selección. He disfrutado con La Roja y me he aprendido los nombres de casi todos sus miembros -que no miembras en este caso- así como sus equipos de procedencia. España está inesperadamente alegre. En mitad de esta crisis -que el Gobierno se niega a pronunciar- hemos podido lanzar las campanas al vuelo. Envueltos en una marea roja y gualda, asistimos -asumidamente impresionados- a las celebraciones derivadas de la victoria española en la Eurocopa. La Selección Española ha vencido, en justísima lid, al resto de sus contrincantes europeos. Ello ha desatado una alegría popular como apenas podíamos recordar. Ha inundado todos los rincones de banderas españolas y, como nunca, nuestros colores nacionales se han hecho los amos absolutos de calles, plazas y balcones. Sin embargo, creo que un primer análisis de lo ocurrido podría llevarnos a conclusiones equivocadas. Podría inclinarnos a creer en la existencia de un firme patriotismo español que, sólido como una roca, resiste los embates furiosos de los numerosos enemigos de nuestra Patria. Patriotismo versus patrioterismo pata negra.
Esta ríada roja y gualda no debe inducirnos a confusión alguna. Los falangistas -eternos aguafiestas dentro de la general inconsciencia de nuestros contemporáneos- creemos que estas manifestaciones espontáneas, habidas a lo largo y ancho de España, no obedecen al sentimiento sólido de formar parte integrante de una comunidad nacional. Son más el resultado de una súbita alegría -de un deseo de reafirmación frente a terceros- que de una conciencia nacional firme y fundamentada. El patriotismo exige un profundo y racional conocimiento de nuestra Historia, habiendo terminado con esta posibilidad honrosa los desastrosos y sucesivos planes de estudio. El patriotismo exige una actitud crítica hacia la realidad circundante la cual, por desgracia, dista mucho de tener el adormecido conjunto de la ciudadanía española, absolutamente empantanada en los berenjenales mediáticos de la telebasura. El patriotismo exige un ánimo de transformación positiva de las situaciones injustas, cuando lo cierto y verdad es que la generalidad de los ciudadanos españoles encuentran acomodo en este actual orden de cosas, y no se muestran mayoritariamente partidarios de las distintas opciones políticas o sociales que aspiran a un cambio económico efectivo de nuestra Sociedad. Y así hasta un largo etcétera de factores que, irremisiblemente, alejan lo vivido en estos últimos días de cualquier idea de patriotismo consecuente. Además, y por si todo esto fuera poco, nos encontramos con el paroxismo nacionalista ejercitado por la Cadena Cuatro. En virtud de este delirium tremens rojiamarillo, este faro de la fashionprogresía se embolsa millones y millones por los derechos de emisión del acontecimiento. Viva España y vamos sumando patrióticos ceros. Se ha llegado a decir -terrible afirmación- que esto de la Eurocopa ha sido como aquellos medicamentos suministrados a los pacientes terminales: alivia el dolor cuando la muerte de la Nación Española es algo ya seguro y decidido. Pero yo no quiero ponerme tan tétrico ni, muchísimo menos, quiero lanzar este mensaje pesimista. Sobre todo porque creo que España existirá mientras exista un grupo de españoles que quiera seguir siéndolo. En el fondo, es así de sencillo. Con o sin Selección. Con o sin Aragonés. Con o sin fútbol.
La verdad es que pocas cuestiones como el fútbol patentizan las contradicciones existentes dentro del mundo globalizado que nos ha tocado vivir. O que nos ha tocado transformar, como diríamos los falangistas. Por ejemplo, una camiseta oficial de la Selección tiene un precio aproximado de setenta y cinco Euros. Las hemos visto a millares en estos días. Y he leído que esa cifra equivale al sueldo de tres meses de un niño-trabajador en la India. Esa India que tiene de todo menos espiritualidad y romanticismo, a pesar de lo que afirman los turistas occidentales. Cosas del fútbol negocio millonario, y de la denominada Eurocopa como monumental fuente de ingresos y de recursos financieros.
A pesar de todos estos datos tristes, nos alegra el corazón saber que los militantes de ERC o del PNV querían que ganase Alemania. Tal patochada ha quedado vengada por los centanares de ciudadanos que sacaron la bandera en Vascogadas y en Cataluña. Todos hemos visto las imágenes de la manifestación amarilla y roja tenida lugar en el Centro de Bilbao. Ese sí que es un regalo bonito para Ibarreche a pocos meses de su consulta popular secesionista. Y es que el fútbol también nos da alegrías. Y se las quita a otros, por lo visto.

Ignacio Toledano Martínez es Abogado en ejercicio del Ilustre Colegio de Madrid. Tiene 48 años. Falangista. Escribe periódicamente en los Medios EXTRACONFIDENCIAL, DIARIO DE LA SIERRA y MEDITERRÁNEO DIGITAL.