LO VERDE NO EMPIEZA EN LOS PIRINEOS (Febrero 2.007).

Publicado en el Núm. 61 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".
Muchas veces, tenemos la falsa percepción de pensar que los atentados ecológicos se producen muy lejos de nuestros hogares. Escuchamos, por ejemplo, aquello del calentamiento global y nos suena lejano. Demasiado lejano. Nos recuerda, inevitablemente, a expedición polar, osos blancos, ballenas y exploradores noruegos abrigados hasta las orejas. Nunca creemos que, en nuestro entorno, se estén produciendo cambios en el ecosistema que, al día de hoy, tengan todavía muy difícil cuantificación o medición exacta. Estos cambios, siempre debidos a la mano del hombre, todavía no se han asentado en el entorno el tiempo suficiente como para que podamos comprobar su verdadero impacto.... ¿recordáis las avalanchas de lodo de El Zaburdón? Alguien ha modificado el curso natural del Arroyo de Las Cebadillas y el agua, cuando puede, vuelve a este curso con tozuda querencia.
Parafraseando al genial Vicente Escrivá -y a ese clásico del destape- bien podemos decir que lo verde no empieza en los Pirineos. Lo verde -concebido como la respuesta sostenible a aquellos problemas medioambientales producidos por políticas de deficiente planteamiento y ejecución en esta materia- comienza mucho antes. En numerosas ocasiones, y precisamente en nuestro Pueblo, empieza casi siempre a unos pocos centenares de metros de la puerta de tu casa. Y es que no nos cansamos de repetir que tenemos la suerte de vivir en una zona natural sensible -privilegiada- no siempre tratada con la consideración que merece. Estamos en mitad del boom del ladrillo o ladrillazo, y los Ayuntamientos serranos se han afanado los últimos años por encontrar metros de suelo disponible, espacios constructivos que aumenten las arcas de los municipios de forma fácil, poco imaginativa y no siempre demasiado transparente... ¿qué mejor que una buena obra para ganar dinero?
Lo verde no empieza en los Pirineos. Empieza en las laderas del Monte Abantos. De nuestro Abantos. Allí, dos obras recientemente iniciadas han vuelto a sacudir las conciencias de los ciudadanos que no tragan, que sufren cada vez que se levanta una nueva grúa -o transita una nueva hormigonera- en una zona de tan agudizado calado ecológico como esta. Ya habréis adivinado que se trata de las obras de Unamuno, y también de las de la ampliación del Hospital de San Lorenzo. Da ganas de llorar- literalmente- pasar por allí o ver las fotos que, algunos benditos activistas, han comenzado a pasarnos por internet. Ver Abantos literalmente agredido por la maquinaría pesada, el polvo, el amontonamiento de tierra, las zanjas... la transformación irreconocible del paísaje en un estúpido bacanal de falso progreso.
Se nos dirá de todo. Se nos aducirá todo tipo de argumentación tendente a empequeñecer la figura de los disidentes del hormigón: a impedir la protesta organizada de los disconformes.
Se nos dirá que esas obras están autorizadas y que han pasado todos los controles legales necesarios para su correcta ejecución. Y nosotros diremos que no se ha ejercitado una oposición dura y eficaz que hubiera impedido este pretendido ajuste a Derecho.
Se nos dirá que las obras de Unamuno y de la ampliación del Hospital son socialmente necesarias, ya que tienden a cubrir necesidades de nuestra población en materia de Vivienda pública. De eso podríamos hablar horas y horas ya que, muchas veces, estas necesidades son artificialmente creadas con el único fin de atraer nueva población a nuestro Pueblo, y ello de forma irracional y masiva. Si tomamos como base un asumido carácter pequeño o mediano de San Lorenzo -una pequeña ciudad volcada en el sector servicios y en la actividad mercantil turística- nos daremos cuenta que esas necesidades son artificiales, porque nuestro crecimiento poblacional será muy limitado. Tan limitado como viene siendo hasta la fecha, en la que las necesidades de Vivienda pueden ser perfectamente cubiertas por la oferta existente. Venimos a vivir mucha gente aquí, pero de forma escalonada y gradual. De manera absorbida por la oferta de vivienda puntual y concreta. Por lo menos era así hasta hace unos años.
Si los jóvenes de nuestro pueblo no compran Vivienda no es porque no exista, sino porque cuesta demasiado, y carecen de medios para su adquisición... ¿alguién se ha parado a censar nuestro índice de Vivienda desocupada? ¿no será más práctica una política de apoyo efectivo a los jóvenes compradores que la creación de nuevas casas? ¿no será más barata y práctica una política de decidido apoyo al alquiler juvenil y al de negocio?
El objetivo -a veces incluso confesado- de la actual Corporación es la traída a San Lorenzo de un contingente de personas que rebose, en mucho, la capacidad actual de nuestro Municipio. Este incremento de población debe desembocar, por fuerza, en nuevas construcciones. Aquí está la trampa. Aumentar innecesariamente la población y luego acusar de insolidarios a los que nos oponemos a autorizar nuevas construcciones.
Es de risa el stand del Ayuntamiento en FITUR. Un mundo idílico caracterizado por el respeto absoluto al entorno medioambiental. Absolutamente de folleto. Pero, hasta en el lema del stand, se les ve el plumero: SAN LORENZO UN LUGAR PARA VIVIR... ¿para vivir dónde? ¿en las casas que ya existen o en las que se planean construir? Los falangistas protestamos. Los verdes protestan. El Pacto por San Lorenzo de El Escorial protesta, y ofrece su apoyo y colaboración a cualquier otra acción coordinada de protesta. Mejor juntos que de forma aislada.

Ignacio Toledano Martínez es Abogado en ejercicio del Ilustre Colegio de Madrid. Tiene 46 años. Falangista. Escribe semanalmente en "La Gaceta Escurialense" su Columna "ANCHA ES CASTILLA". Además, escribe las Columnas "DE PENOL A PENOL" en MINUTO DIGITAL y "EL ATRIL" en "DIARIO DE LA SIERRA".
