LA LECCIÓN DE ALCORCÓN (Enero 2.007)
Publicado en el Núm. 59 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".
Mientras escribo -de forma apresurada- esta Columna, siguen teniendo lugar enfrentamientos y concentraciones no autorizadas de jóvenes en las calles y plazas del municipio madrileño de Alcorcón. Como ya sabréis, los jóvenes de esta localidad han realizado un verdadero pronunciamiento civil en contra de las llamadas bandas latinas que asolan sus barrios, en una auténtica confrontación intercultural que dice muy poco de la política de integración llevada a cabo por nuestras instituciones políticas.
Y es que no nos cansamos de repetirlo, aún a riesgo de que los cuatro tontos de siempre nos llamen fascistas, racistas y otras lindezas semejantes que, dejando al margen el puro y simple insulto, tan sólo denotan una profunda incultura, una profunda ignorancia acerca de la situación social española o, lo que es peor, un absurdo cerrar los ojos ante la realidad: colaborando conscientemente a una mentira que, no por ser repetida mil veces, se convierte en verdad (en contradicción al famoso dicho stalinista).
Sólo existe una inmigración positiva e integrada: la que llega a España provista de un Contrato de Trabajo o la que, aún no teniéndolo, pueda ser previsible que lo obtenga en un futuro más o menos próximo. Lo demás es marginalidad, miseria y empobrecimiento general. Sólo el trabajo enmarca al extranjero dentro de nuestras estructuras sociales básicas. Por tanto, todo ciudadano extracomunitario que viva en España sin trabajo, y formando parte de esos auténticos entramados marginales que puebla nuestros Pueblos y Ciudades, debe ser automáticamente expulsado. Alejado de nuestra Sociedad siempre, claro está, que queramos efectivamente defenderla.
El año pasado, Francia mostró al mundo qué es lo que ocurre cuando en los suburbios de las grandes metrópolis -auténticos basureros del capitalismo salvaje- se agolpan extranjeros sin arraigo, sin trabajo y sin un proyecto humano o social viable al que aferrarse. Y si no queremos ver convertidas nuestras calles en auténticos campos de batalla, como sucedió en Francia, es hora de de dejar de cerrar los ojos al problema de la inmigración y adoptar sin complejos las políticas de endurecimiento de control de este sector poblacional que, por otra parte, se están comenzando a adoptar en otros países de la Unión Europea. España, a contracorriente, sigue empeñado en un gasto milmillonario en fondos de integración que, a la postre, no sólo resultan ineficaces, sino supérfluos.
Un premio a la declaración surrealista se merece la Delegada del Gobierno en Madrid Soledad Mestre, quien afirmó no sólo que los hechos de Alcorcón no tenían nada que ver con la inmigración, y que no se tenía constancia de la existencia de ninguna banda latina en Alcorcón. Suponemos la alegría que se han llevado los ciudadanos de Alcorcón al escuchar este anuncio oficial, ya que los ñetas, latins y demás ralea, por los que son atacados y extorsionados, no existen. Así de claro y por decisión unilateral de esta alta funcionaria socialista.
Tampoco se escapan de la ira pública las autoridades del Partido Popular. A estas nadie las gana en el tradicional deporte de mirar para otro lado, constantemente ejercitado a diestra y siniestra cuando se trata de referirse al hecho inmigrante desde los poderes públicos. Los populares se han indignado con los dirigentes sociatas, como si la culpa de que estos personajes existan en las calles de los pueblos madrileños sea, en exclusiva, de los del puño. Se olvidan que, desde la Comunidad regida por la única Presidenta autonómica que tiene problemas en llegar a fin de mes, se ha alentado la venida constante -diaria y multitudinaria- de ciudadanos extracomunitarios; se han gastado -y se gastan- millones de euros en programas de integración a fondo perdido; y se realizan, sin ningún tipo de reserva o advertencia, constantes loas a la llegada masiva de este sector poblacional. Otra figura, Alfredo Prada -Consejero de Justicia de la Comunidad- dice sin inmutarse que para intentar buscar soluciones se puede hablar de medidas de integración o educativas... pero a veces resultan insuficientes". Genial... ¿seguimos entonces financiando este invento Señor Prada?
Mirar para otro lado. Como hizo el Ayuntamiento de San Lorenzo cuando La Falange le consultó -hace ahora un año- acerca del número exacto de ciudadanos extracomunitarios empadronados en nuestro pueblo los últimos años, el número de expedientes de expulsión iniciados por nuestra Corporación en los últimos años, los planes asistenciales de carácter muncipal previstos en este ejercicio y -tachán tacháaannnn- la cifra exacta de fondos municipales invertidos en planes de integración o similares. Ni caso. El asunto, por lo que se ve, sólo afecta a los ciudadanos de Alcorcón, no de nuestra idílica sociedad serrana y constructora, carente de este tipo de problemas sociales, y tan sólo preocupada en cómo construir nuevas Viviendas (por cierto, ha comenzado la obra de “Unamuno”. Ya hablaremos).
El problema no es étnico, ni racial, ni patriótico, ni nada de eso. Es algo más lógico y humano: la imposible coexistencia dentro de una sociedad de dos amplios sectores de personas: los ciudadanos españoles y los trabajadores extranjeros y los nacionales extracomunitarios introducidos a capón en un mundo que no puede absorverles. Y así vamos, a la espera de un gran conflicto que, si no es evitado por una política firme al respecto, acabará estallando en nuestras propias narices multiculturales.

Ignacio Toledano Martínez es Abogado en ejercicio del Ilustre Colegio de Madrid. Tiene 48 años. Falangista. Escribe periódicamente en los Medios EXTRACONFIDENCIAL, DIARIO DE LA SIERRA y MEDITERRÁNEO DIGITAL.
Curioso y asustado dijo
Es verdad o es coña q Jorafra os ha ayudado con los puntos sobre la inmigración para elescorial?
1 Febrero 2007 | 03:19 AM