LAS POLÉMICAS PROVECHOSAS (Noviembre 2.006)
Publicado en el Núm. 50 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".
Es un hecho manifiesto y notorio el de la existencia de polémicas absurdas e insustanciales. Polémicas que, de absurdas, nos hacen sonrojar de vergüenza ajena, y que contemplamos diariamente a través de esas ventanas que, abiertas al universo mundo, se aposentan en nuestras casas en forma de televisores. Cosas tales como el color de pelo de Loli Alvarez, el desarrollo personal de alguno de los concursantes de Gran Hermano (Javi está dando mucho juego esta temporada) o el sentimiento nacional (español, se entiende) del Candidato y exministro Piqué del Partido Popular. Polémicas vácuas. Impruductivas para cualquier sociedad civilizada.
Sin embargo, existen otras que, a la vez de provechosas y socialmente útiles, están adquiriendo mayor fuerza y pujanza a raíz del desarrollo de los últimos acontecimientos políticos. Polémicas impensables hace años y que, en la actualidad, resurgen a la luz del calor de la curiosa situación política nacional. Estoy hablando, claro está, del curioso estado en que se encuentra la Monarquía Española. Así. Con mayúscula majestática y desde San Lorenzo de El Escorial (nada más y nada menos un Real Sitio). Y ello por muchos y varíados factores.
En primer lugar, los socialistas han reabierto el debate acerca de la herencia del Franquismo. De la pervivencia de los símbolos franquistas no sólo dentro de nuestro mobiliario urbano, sino de nuestro inconsciente colectivo, como dirían los cursis. Esa ha sido la primera señal de alarma ya que, no lo olvidemos, quien sitúa al actual Monarca en el trampolín del Poder es el Régimen del Glorioso Movimiento Nacional. Es el propio Franco quien diseña su propia Sucesión, y la determina en la persona del entonces Príncipe Juan Carlos. Por tanto, es el denostado Franquismo quien sienta al Monarca en el Trono, dejándole en perfectas condiciones de iniciar el cambio político constitucional. Esto, por sí mismo, no tiene nada de extraño, ya que muchos Magistrados, Militares, Empresarios y Funcionarios alcanzaron su categoría social y profesional dentro del Régimen anterior sin que, sepamos, existan indicios serios para despojarles de sus titulaciones y bienes. Aunque, cuidado, muchos grupos, asociaciones y entidades de Recuperación de la Memoria (pero qué insufriblemente cursis son) están solicitando un megaproceso nacional de depuración, a imagen y semejanza del ocurrido, por citar un ejemplo, en Francia desde 1.945, a los efectos de depurar las responsabilidades políticas contraídas en el fenómeno de la Colaboración. Pura democracia a la francesa. Si este proceso revisionista se abriera alguna vez (se habla de que existen socialistas partidarios de esta medida radical)... ¿qué hacemos con la Monarquía? ¿la dejamos al margen del bien y del mal como hasta ahora? ¿mantenemos la ficción de que los Reyes de España están allí por generación espontánea?
La cuestión es más compleja de lo que parece. Al menos más compleja que la determinación del color que más le favorece a Letizia con z. Y es que, según datos esgrimidos por el Columnista Víctor Córcoba en El Faro del Guadarrama, existen en España, al menos, treinta mil personas que carecen de techo para vivir; además, doscientas setenta y tres mil personas viven en domicilios que pueden ser calificados de infraviviendas. Y ello sin entrar en el verdadero drama humano que constituye el acceso a la Vivienda por parte no sólo de los jóvenes, sino del conjunto de la ciudadanía. Frente a estos datos objetivos, una determinada Familia disfruta -por el solo hecho de su nacimiento o de su acertado matrimonio- de todas las ventajas, privilegios y prerrogativas inventadas para solaz y disfrute de unos pocos. Se me podrá tachar de demagogo (bendita palabra), pero soy de los que creen que, cada vez con mayor intensidad, constituye un insulto a los españoles los veraneos -y demás Fiestas de guardar- de esta familia. No es de recibo que exista un divorcio tan grande entre lo que comúnmente se conoce por la calle y la Familia Real.
Este nivel de vida quedaría justificado por el liderazgo social que la Monarquía ejerciera sobre el conjunto de los españoles. Por el ejemplo que, sobre todo en la defensa de nuestros derechos y libertades, ejerciera este privilegiado y rancio estamento. Ganarse el Sueldo, en roman paladino. Sin embargo, nada de eso. Y es que las contradicciones del sistema han quedado al descubierto -precisamente- en este año 2.006: el año de las reformas estatutarias y de los intentos secesionistas. De un lado, se nos habla de un Rey de España, símbolo común de todos los españoles y garantía de la Unidad. Pero la realidad es bien distinta: el Monarca ni, tan siquiera, ha emitido un tibio pronunciamiento institucional al respecto. No ha hecho nada por la Unidad, pero ha seguido disfrutando de su elevado tren de vida. Eso no vale, Majestad... demasiado cómodo, porque los que queremos la Unidad no nos sentimos demasiado amparados por Usted.
Los Borbones tienen fama de campechanos. Eso, en lenguaje de pie de obra, significa que ellos pueden ser campechanos con nosotros (qué gracioso y qué humano es), pero nosotros con ellos no. Nosotros con nuestros Reyes debemos ser serios, respetuosos y educados. Y todo porque representan a España. Pero... ¿qué ocurre si, como en el 2.006, nos demuestran que han dejado de cumplir su función constitucional? Pues que, muy campechanamente, habrá que comenzar la revisión de su papel dentro de nuestra Sociedad en crisis, y su acomodo dentro de una España unida en la solidaridad y en la participación democrática.

Ignacio Toledano Martínez es Abogado en ejercicio del Ilustre Colegio de Madrid. Tiene 48 años. Falangista. Escribe semanalmente en "La Gaceta Escurialense" su Columna "ANCHA ES CASTILLA". Además, escribe las Columnas "DE PENOL A PENOL" en MINUTO DIGITAL y "EL ATRIL" en "DIARIO DE LA SIERRA"http://www.lacoctelera.com.
Coroccato dijo
Otra curiosidad si me permites, Nacho, es la relativa a la volatil creencia religiosa que manifiesta nuestro monarca. Pues parece ser que este caballero sin espada ni caballo, tiene por costumbre cumplir escrupulosamente con los Sacramentos católicos, se bautizó, confirmó y hasta se casó con gran ostentación. Al mismo tiempo sus descendientes siguieron sus pasos y los hijos de estos también están bautizados tal que el último bautizo fue el de Leonor, no hace mucho.
Pues bien, aún pareciendo la casa real católica practicante, cosa muy digna, parece que este fervor religiosos se torna volatil o aparece y desaparece como el Guadiana. Pues cuando hubo de aparecer el aborto en España, el casamiento de homosexuales y los coqueteos con la eutanasia, nuestro monarca parece desaparecer y enmudece.
Cual será el motivo, falsedad, cobardía, o simplemente una cuestión de persistencia de la corona y de su abultada nómina.
29 Noviembre 2006 | 11:38 PM