EL ESTADO DE LA NACIÓN

Publicado en el Núm. 25 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".
Cuando escribo estas líneas, sigue desarrollándose el debate sobre el estado de la Nación en las Cortes de la Carrera de San Jerónimo, si bien ya se ha pronunciado el peso pesado de la oposición, Mariano Rajoy. La verdad es que, por desgracia, cada vez nos sorprenden menos las intervenciones del principal Partido de la oposición en estos asuntos de trascendencia y calado público. Uniforme, gris, aburrido y sin propuestas claras de alternancia. Un lider de la oposición no puede malgastar una parte importante de su intervención en una estéril polémica con el Presidente de la Cámara acerca del tiempo aplicable a su discurso.
Un líder de la oposición debe subirse a esa tribuna con un conocimiento exacto -y previo- del tiempo que tiene para hablar. Actuar de distinta manera, y dejando de lado los problemas de fondo, ofrece una imagen de improvisación y de preocupación por asuntos de índole menor, en nada coincidentes con los problemas reales que afectan al conjunto ciudadano.
Del otro lado del Hemiciclo, más de lo mismo. Zapatero tirando balones fuera y culpando -de lo divino y de lo humano- a sus antecesores populares en el Gobierno de todas las contingencias adversas de su mandato. Bombas de humo. Pompas de jabón efectista sobre problemas artificiales y minoritarios, que olvidan la efectiva realidad española. La idea de España, como profunda realidad solidaria y viva, utilizada como moneda de cambio en mercadeos políticos oscuros. En negociaciones que aseguran al Gobierno Socialista su continuidad al frente del Estado.
De entre los problemas barajados en esta Sesión, han destacado dos sobre los demás. La verdad es que nos afectan directamente, y preocupan sus posibles soluciones. Del mismo modo, y al igual que en el resto de España, afectan profundamente a nuestra Sociedad Serrana. Estos problemas debatidos son la INMIGRACIÓN y la SEGURIDAD CIUDADANA, como ya habréis averiguado.
Hace unos meses, y ante la tremenda ignorancia -o mala fe, que de todo existe- manifestada en varios Medios sobre el asunto, dediqué dos Números seguidos de LA GACETA para intentar condensar la posición de La Falange respecto al hecho social de la inmigración. Habrá ocasión de volver a definirla una y otra vez, máxime cuando se acerca el período electoral. Este problema se configura como uno de los grandes asuntos de debate y opinión nacional. Y es que, si observamos la evolución del problema durante los últimos meses, llegamos a la conclusión evidente de haberse producido una agravación del mismo. Las oleadas de barquitos subsaharianos que asolan las costas canarias son sólo un aspecto de la cuestión. Más o menos llamativa, pero sólo un aspecto parcial. Nos hacen olvidar que, en nuestras fronteras del Norte, se produce una entrada diaria de extranjeros ilegales y que, del mismo modo, existe un enorme número de personas que llega a España a través de nuestros Aeropuertos, y que desaparece después dentro de nuestro territorio.
Lo malo de la cuestión no es ya sólo este hecho innegable: están entrando de forma imparable todos los días y a todas horas, sin control y sin regulación suficiente de los mecanismos -jurídicos y materiales- de defensa de nuestras fronteras. Lo malo es que, a pesar de que todas las fuerzas políticas reconocen la existencia de este problema, ninguna de ellas se ha atrevido, hasta la fecha, a adoptar medidas eficaces de restricción migratoria. Y ello por puro y simple marketing político, por miedo a un rechazo de la opinión pública: a las obsoletas acusaciones de racismo o de xenofobia.
Se queja Rajoy. Pone el grito en el cielo Rajoy. Sin embargo, se olvida interesadamente que estas avalanchas comenzaron -y se toleraron- en los sucesivos Gobiernos aznaristas. El hecho de la inmigración ilegal sin control -el tan actualmente debatido efecto llamada- comenzó y se toleró, en pasadas legislaturas, desde el Partido Popular. El otro día, un militante falangista en el Foro de Internet de El Faro -Carlos Ruiz, no vuelvas a decir que no te leo- observaba, a mi juicio atinadamente, una de las múltiples aristas de esta cuestión. La del curioso coqueteo que el Partido Popular mantiene hacia el fenómeno inmigrante: de un lado, aspavientos y brazos arriba para comentar lo que, desde sectores peperos, se ha llegado a denominar como invasión de nuestro territorio; de otro, y desde -por ejemplo- el Gobierno de Esperanza Aguirre, se articula un proyecto de participación cívica del inmigrante en las Eleccones Municipales españolas (proyecto cuya vigencia se prevee para las próximas Municipales después del 2.007).
Parecen querer decir que, desde luego, el Partido Popular no quiere que entren en España. Pero, y esto es lo gracioso, ya que entran que nos voten.
Los populares no tienen un proyecto coherente sobre este enorme problema social. Dan la impresión de no saber qué hacer o proponer para su solución. Por ejemplo, y aquí en nuestro Ayuntamiento de San Lorenzo, La Falange ha preguntado ya en dos ocasiones por sencillos datos que, relativos a la cuestión, pueden darnos una idea del alcance del problema en nuestro Municipio. Ha preguntado sobre datos obrantes en el padrón municipal, acerca del número y porcentaje de ciudadanos extranjeros no comunitarios empadronados en nuestro Municipio los últimos años. Asimismo, ha preguntado sobre la cuantía exacta de los fondos municipales destinados a proyectos de integración o ayuda al inmigrante. Además, preguntó el número de Expedientes de Expulsión iniciados por nuestra Policía Municipal o por nuestros Servicios Sociales.
Sin respuesta... ¿por qué no se ha contestado a estas sencillas preguntas ciudadanas?
En íntima conexión, nos encontramos con el otro asunto tratado en el último debate parlamentario. La inseguridad ciudadana. Esta polémica tiene constante reflejo -en la Sierra de Madrid- dentro de nuestros Medios de Comunicación habituales. Y siempre se llega a dos tediosas, pero alarmantes, conclusiones prácticas: la primera es que el aumento de la inseguridad ciudadana está en íntima conexión con el aumento de extranjeros ilegales campando sobre nuestro territorio. El segundo, y asimismo repetido hasta la saciedad, reside en la falta de medios materiales para hacer frente a esta avalancha delictiva.
Algún tonto ha manifestado -como siempre sin pudor ni recato- que el hecho de vincular el aumento de la delincuencia con la inmigración ilegal es un argumento racista y peligroso para la paz social. Como siempre, tenemos que tragarnos estas bobarras afirmaciones porque, si las ponemos en duda, somos unos fascistas y unos xenófobos. Claro, lo normal es aceptar, con normalidad, que una banda de antiguos soldados del Bloque del Este acampe en el jardín de tu Casa.
Desde el consenso, se hace necesaria una uniformidad de criterios políticos de actuación, y una aplicación firme de los mismos.

Ignacio Toledano Martínez es Abogado en ejercicio del Ilustre Colegio de Madrid. Tiene 48 años. Falangista. Escribe periódicamente en los Medios EXTRACONFIDENCIAL, DIARIO DE LA SIERRA y MEDITERRÁNEO DIGITAL.