ESTAREMOS ALLÍ
Publicado en el Núm. 36 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".
Termina el mes de Agosto. Termina el breve y tranquilo paréntesis que todos nos hemos dado en la carrera que finalizará en Mayo de 2.007. La carrera que acaba en las Elecciones Municipales del próximo año. Preparados para afrontar este nuevo -e intenso- curso, las distintas formaciones políticas van perfilando sus propuestas y ultimando sus listas de candidatos definitivos.
Como ya sabéis, entre otras cosas porque nos hemos cansado de proclamarlo a los cuatro vientos en los últimos meses, los falangistas concurriremos a las Elecciones Municipales de San Lorenzo de El Escorial. Sólos o acompañados, pero con un puñado de ideas -creo que buenas- por bandera, daremos la batalla al Partido Popular y al PSOE, al objeto de conseguir los votos necesarios para ostentar representación institucional en nuestra Corporación. Y la verdad es que es ilusionante concurrir a estas Elecciones. Sobre todo después de que, durante tantos y tantos años, no haya existido no ya sólo una candidatura falangista en San Lorenzo sino, y de forma increíble, una sola voz que defendiera los postulados políticos y sociales que, al día de hoy, estamos defendiendo.
Y es que, como sabéis, no ha resultado fácil volver a estructurar -con un mínimo de operatividad- posiciones falangistas dentro de la Sierra de Madrid. En concreto, no ha resultado fácil revitalizar al falangismo dentro de nuestros dos Municipios. Para nosotros, y recapitulando estos meses de actividad política, parece que ha pasado muchísimo tiempo desde nuestro retorno. Sin embargo, sólo desde Junio de 2.005 -fecha esta en la que volvió a organizarse en San Lorenzo y en El Escorial una formación falangista- hemos estado trabajando en esta revitalización, interviniendo en multitud de frentes políticos dentro de nuestros Pueblos. Asegurando una base militante que, en el 2.007, sea capaz de dar la batalla a los grandes en su propio terreno.
Ha pasado un año desde nuestro regreso, pero apenas tenemos tiempo para hacer una recapitulación en regla. La actividad política ha sido -está siendo- intensa e incesante y, al fin y al cabo, no hay mejor recapitulación que nuestra seguridad en afrontar estos retos políticos constantes: en la creencia de poder ofrecer a nuestros vecinos una opción política seria, estructurada y legítimamente alternativa. Y esto, para tan sólo un simple y solitario año, no está mal. Nada mal.
Y es que no me negaréis que el año ha sido duro. Para empezar, hemos sufrido la eclosión política de la etapa zapatero. Como se dice vulgarmente... qué fuerte. Y eso que acogimos el inicio del mandato socialista con la ilusión del que sabe acabada -extinguida- una etapa política: la protagonizada por el Partido Popular al frente del timón del Estado. Los falangistas creímos entonces que la era Aznar estaba terminada, y recibimos con expectación y curiosidad al Gobierno de Zapatero. Aire fresco entrando en la política nacional. Nuevas ideas para el nuevo milenio.
Y es que no escarmentamos. Literatura. Mala literatura digna de alguno de los premios literarios que da Prisa. Grandes dosis de progresismo rancio, envuelto en no menos viejas banderas. Ideas presuntamente avanzadas -ligero barniz de transformación socialista- devolviéndonos, en realidad y de lleno, a una España Negra. Profundamente desfasada. La más negra de todas las posibles: triunfo de los viejos nacionalismos egoístas y socialmente excluyentes, fin de la España solidaria, agudización del problema migratorio, justificación de los crímenes frentepopulistas y correlativa resurrección de nuestro pasado más horrendo, negociación con los asesinos etarras, claudicación ante el terror...
Son muchas, varíadas y conocidas las razones de este estado de cosas. Problemas de enorme calado y trascendencia a los que, desde el otro lado y desde el Partido Popular, no se ha sabido -o no se ha querido- dar respuesta efectiva y concreta. Que el Partido Popular no ilusiona en su labor de oposición no es ningún secreto. Y que no ha sabido conectar con un sector muy amplío de su propio electorado, tampoco. Políticas a la deriva en medio de una avalancha en toda regla sobre ciertos temas concretos y esenciales. Cerrar los ojos e imaginar dónde y cómo cae el próximo palo, rezando para que no les caiga encima.
Y, en mitad de este año polémico, y después de tantos y tantos años sin que nuestra voz fuera escuchada, volvimos los falangistas a manifestar públicamente en nuestros Pueblos nuestra opinión acerca de todos y cada uno de estos asuntos de interés. Volvimos a recabar los mínimos apoyos necesarios para reactivar nuestra lucha. Si algo hemos estado afirmando estos últimos meses, es la necesidad de no guardar silencio. De agruparnos, organizarnos y luchar. De dar carpetazo a estos años de ostracismo y silencio. De, sencillamente, ni ser ni existir en nuestros Municipios. De silencio azul forzado o voluntario.
Nosotros hemos vuelto. La máquina está -de nuevo- en marcha. Demostrando, semana tras semana durante los últimos doce meses, que se puede ilusionar a ciudadanos que habían perdido su capacidad de resistencia. Que se puede dejar de votar a la derecha por simple inercia cómoda, y que existen otras opciones más acordes a nuestras verdaderas creencias y aspiraciones. Es la hora, por tanto, de olvidar nuestros silencios y retiros.
La Falange, semana a semana, ha expuesto sus puntos de vista. Y lo que es más importante, ha demostrado saber y poder trabajar dentro de las necesidades impuestas por la política municipal. Haciendo un falangismo de proximidad acerca de las preocupaciones y anhelos de nuestros vecinos. Efectivo falangismo de socavón y parada de autobús, alejado de posiciones maximalistas o irreales.
Porque, no lo olvidemos, nuestro triunfo político no residirá sólo en la obtención de representación institucional. Residirá también en la capacidad que tengamos de ilusionar a un conjunto de ciudadanos que, por una razón o por otra, están cansados de la vieja política: organizar con ellos un proyecto de transformación de nuestro entorno más inmediato. Olvidar este estado actual de frustración y caos, canalizándolo hacia una positiva acción política y social. Agrupándonos para luchar. No sólo para resistir, sino para adoptar niciativas eficaces.
Los falangistas tenemos una meta en este nuevo Siglo. Nuevos retos para los nuevos tiempos. Nosotros creemos que la obtención de representación institucional en el año 2.007 -dentro del ámbito municipal que nos es más propio desde una perspectiva ideológica- puede contribuir, de forma decisiva, a un paulatino y mayor arraigo social en nuestros Pueblos. Y es que el análisis es asombrosamente simple: ellos ya tienen representación aún sin contar con los votos de nuestro eventual electorado. Nuestros posibles votantes deben comprender -de forma clara e indubitada- que lo importante es que los falangistas obtengan esa representación que los demás ya tienen. Que entren los falangistas en el Ayuntamiento reequilibrando la actual distribución de fuerzas dentro de nuestra Corporación. PP y PSOE ya tienen y tendrán representación, incluso sin nuestros votos. Nosotros debemos conseguirla y, para ello, toda ayuda y colaboración será apreciada como un refuerzo eficaz y válido.

Ignacio Toledano Martínez es Abogado en ejercicio del Ilustre Colegio de Madrid. Tiene 46 años. Falangista. Escribe semanalmente en "La Gaceta Escurialense" su Columna "ANCHA ES CASTILLA". Además, escribe las Columnas "DE PENOL A PENOL" en MINUTO DIGITAL y "EL ATRIL" en "DIARIO DE LA SIERRA".
