Categoría: PATRIOTAS.ES
9 Febrero 2010
Una fecha unos y otra otros. Los ojos míopes y tristes de Matías Montero han vuelto a mirar -desde la Eternidad de los Justos- de qué manera le rinde homenaje -dos días consecutivos- un grupo cada vez más pequeño de falangistas divididos. Cada vez más pequeño pero -tal vez- también cada vez menos dividido. Precisamente una cosa nos lleva a la otra, porque nuestra situación política es tan negativamente crítica que -aunque los unos depositen las Rosas un Viernes y los otros un Sábado- resulta evidente para todos nosotros la imperiosa necesidad de unirnos. Unirnos para seguir vivos y continuar actuando -si bien con más fuerza- dentro del juego cotidiano de las formaciones políticas españolas. Unirnos para redefinir nuestro mensaje. Y esta necesidad es percibida -también cada vez con más fuerza- no sólo por los propios militantes de base de las organizaciones falangistas, sino por sus más altos responsables.
De esta forma, podríamos estar mucho más cerca de lo que suponemos -de lo que hayamos estado nunca- de alguna clase de proyecto integrado que agrupara la propuesta falangista de cara a las Elecciones Municipales del 2.011. Una Candidatura unida nacionalsindicalista que nos englobe a todos para lanzar un mensaje único de contenido municipal. Podemos estar cerca de encontrar formas de colaboración que garanticen -al menos- algún instrumento de actuación coordinada frente a eventos políticos concretos. Acción concertada que podría desembocar -a medio plazo- en una estructura orgánica única e integrada. Esta es la tesis que siempre ha mantenido La Falange (FE) y -a la luz de las últimas declaraciones de su Secretario General y de las actuaciones de varios miembros de su renovada Junta Nacional- es la vía por la que se sigue apostando de forma decidida.
Estas actuaciones podrían verse -por enésima vez- defraudadas por la actitud pasiva que -al respecto- adopta habitualmente la Junta Nacional de FE-JONS. Siempre se han visto los esfuerzos de La Falange defraudados por estas conductas absentistas, siempre enmascaradas en mil y una excusas de consumo estrictamente interno. Una vez más, -como tantas otras- La Falange (FE) tenderá su mano hacia FE-JONS, en búsqueda del deseado frente común falangista para el 2.011. De la manera en que los responsables de FE-JONS respondan a estas iniciativas unitarias dependerá -en gran parte- su propio futuro político.
Porque esta vez la situación es muy distinta. Tan distinta que -esta vez sí- puede haber una puerta abierta a la esperanza.
Personajes políticos como Pico -el sucesor de Márquez en esa extrañísima y opaca operación sucesoria felizmente dinamitada- o Jorge Garrido se han mostrado siempre contrarios a cualquier forma de entendimiento con La Falange (FE). Han arrastrado en apoyo de sus tesis aislacionistas a un pequeño grupo militante que -al día de hoy- controla la estructura orgánica del partido, si bien no de la forma monolítica en la que -hasta la fecha- se ha venido haciendo. Porque el llamado clamor unitario es un factor a tener muy en cuenta si se quiere dotar de cierta estabilidad a la muy baqueteada Junta Nacional de FE-JONS. Está muy mal visto no querer la unidad falangista entre nuestras bases y -por causa directa de su propia situación interna- las bases de FE-JONS están adquiriendo gradualmente el protagonismo que -tanto legal como moralmente- les corresponde. Ello motiva que estas aspiraciones unitarias deban de ser escuchadas por los máximos responsables del partido.
Han pasado los tiempos de la opacidad informativa y del silencio irresponsable. Se está produciendo un cambio profundísimo dentro de aquella Casa. Una redefinición de las relaciones internas entre los que dirigen y las bases. Se han abierto allí dentro varias ventanas, y la transición del marquismo a la democracia es ya un proceso político imparable.
Hasta ahora, las líneas políticas dentro de este partido eran determinadas por un reducidísimo grupo de cargos dirigentes. Esto está -evidentemente- cambiando. Y lo bueno es que lo hemos hecho entre todos. Cada uno en la parte de actuación que nos haya tocado en suerte. Porque -frente a la cerrazón antiunitaria de un grupo muy reducido dentro del nacionalsindicalismo- los que creemos sinceramente en la unidad imaginativa de una organización cada vez más amplia -los que creemos en la unidad de los falangistas- hemos obrado de dos maneras básicas que pueden ser -sin duda- explicadas de forma esquemática: o hemos tendido la mano sonríendo -sin perder nunca la esperanza- a los mismos que nos insultaban o -mediante la utilización de otro lenguaje bien distinto- hemos ayudado activamente a aquellos militantes que tenían la integración entre nosotros como un objetivo a medio plazo, y ello mediante una política de palo y tentetieso en defensa de la legalidad. Unos dan respiro a los enemigos de la unidad. Otros se lo negamos. Pero tanto unos como otros hemos terminado concurriendo en un objetivo común.
Unos y otros hemos actuado -cada uno en las vías elegidas- sobre los diques que impiden la unidad. Sigo creyendo -de forma objetiva y muy clara- que la integración de los dos principales partidos falangistas ha sido y es impedida por la actuación -una confusa mezcla entre acción consciente, inercia y tradición tribal- de no más de cuatro personas que -metódica y sistemáticamente- se han ocupado de impedir cualquier iniciativa emprendida en ese sentido. Por tanto, he venido manteniendo que la solución al problema de nuestra unidad -lejos de ser una cuestión complicada o irresoluble- es mucho más sencilla de lo que parece. Se trata de actuar directamente sobre estos responsables no unitarios. Quitando influencia política a estas cuatro personas -apartándolos de los órganos de gobierno- tendremos base inicial suficiente para construir la unidad. Eso -entre otras muchas cosas- es lo que están pretendiendo varios militantes de la oposición en FE-JONS.
Por eso, se ha tachado de excesivamente buenista -o voluntarista- la posición política de determinados miembros de La Falange (FE), insistiendo en un excesivamente vago y difuso discurso integrador. La unidad no vendrá -dicen los referidos críticos- de estas constantes declaraciones de positivas intenciones, ya que las mismas no son más que versos inútiles y lugares comunes: lo políticamente correcto dentro de nuestro universo político. La unidad sólo será posible apartando -por medio de una presión legal incesante- de los puestos de responsabilidad dentro de nuestros partidos a los enemigos declarados de los criterios integradores y unitarios.
Mano tendida o defensa legal de los derechos de la oposición interna. Discursos conciliadores o portazos legales. Dos vías que pudieran parecer contradictorias. Sin embargo, el desarrollo de nuestra situación interna ha hecho -durante los últimos meses- que estas dos posibilidades se complementen, de modo que no pueda entenderse la una sin la otra. Para ello, ni tan siquiera es necesario coordinarse. Basta una simple actuación simultánea de ambas vías para generar efectos positivos.
La clave está en el importantísimo dato de llevarnos la lucha por la democracia interna siempre a la unidad. Hace meses que llevo sosteniendo que democracia interna y unidad falangista están estrechamente unidos. Existe una estrecha relación entre el grado de democracia interna en nuestros respectivos partidos y su correlativa posición en favor de la unidad. Cuanta mayor es la influencia de los afiliados sobre la determinación de las líneas políticas del partido, mayor es su actuación unitaria. Nuestras bases quieren la unidad y -en el mismo momento en el que se da a los militantes un más amplio poder decisorio- empiezan a exigirla de forma decidida. Nuestra historia reciente refuerza esta tesis. La Falange (FE) se ha mostrado abiertamente prounitaria porque sus líneas de actuación política son decididas democráticamente. Si las bases son abiertamente prounitarias lo será también -lógicamente- la línea política adoptada.
Por el contrario, desde FE-JONS ni se ha lanzado propuesta unitaria alguna ni se ha mostrado ningún interés en abrir negociación alguna en ese sentido. Ello no significa que los afiliados a FE-JONS no quieran la unidad. Significa que los responsables de FE-JONS -las famosas cuatro personas- no la quieren, y también que la base militante no puede influir en la formación de las líneas maestras de la política del partido. Amplíando los espacios de participación y debate de los afiliados, se están posibilitando las actuaciones prounitarias dentro de ese partido.
De todo ello se deduce que -mediante una acción de constante presión hacia una apertura democrática- estamos indudablemente trabajando por alguna forma de unidad a medio plazo. Y eso es lo que ha ocurrido y está ocurriendo en el estado actual de la cuestión. Ocurre que los enemigos de la unidad se han visto obligados a ceder cada vez más espacio de su antiguo poder ilimitado. Se han ensanchado -por supuesto a su pesar y siempre frente a su resistencia- ámbitos cada vez más amplios de información, debate y decisión dentro de las siglas históricas. Aumentando la fuerza decisoria de las bases ha aumentando -también y de forma correlativa- la simpatía de FE-JONS hacia las políticas de mano tendida de La Falange (FE). Sencillamente, los enemigos de la unidad se están viendo desbordados por los acontecimientos, volviéndose forzosa la aceptación de los distintos gestos unitarios que se están produciendo.
Abiertos estos espacios de legalidad, los afiliados bajo las siglas históricas del nacionalsindicalismo deben contar con la absoluta certeza de ir a ser muy bien recibidos al otro lado del río. Pudiendo imponer en sus distintos órganos de representación y gobierno tesis prounitarias, deben existir ofertas y proyectos viables de integración desde La Falange (FE). Y tener asimismo la certeza de ser posibles los acuerdos, siempre y cuando se tome la decisión de sentarse alrededor de una mesa. En ese punto, Manuel Andrino y sus sucesivas Juntas Nacionales han dado motivos sobrados de confianza en este punto. La sonrisa y cauces permanentes de diálogo.
Y así estamos llegando al mismo punto, demostrando que una y otra vía no sólo son compatibles, sino complementarias. Y es que tanto con la presión como con el diálogo estamos haciendo entrar en los modos del Siglo XXI a esos cuatro adversarios de siempre. Y ese día -no muy lejano- en el que esa mano tendida sea aceptada con lealtad al tiempo que con una gran sonrisa, nosotros -los otros- habremos dejado de ejercitar esta presión. Los cambios vendrán de la mano de los órganos rectores de un partido de todos, y no de tal o cual Juzgado de Madrid.
Aunque a veces nos pueda parecer lo contrario, no basta la política de la presión legal. No basta con aumentar los derechos de los militantes y con la modernización de los hábitos y los usos internos. Los responsables de FE-JONS demostrarán una auténtica talla política en el momento en que -consolidados definitivamente los derechos vulnerados de los afiliados al partido- sean capaces de extender la mano hacia una oferta abierta y amistosa. La sonrisa y el triunfo de las buenas maneras, el ánimo negociador y las soluciones imaginativas y factibles.
Se dijo hace unos meses que mi salida de La Falange (FE) -junto a la de Saénz de Ynestrillas- facilitaría los acercamientos integradores desde FE-JONS. Los foros interneteros rebosaban de opiniones en tal sentido. Desaparecidos los malos, llegaría la hora de charlar con los buenos. En aquel momento, dije dos cosas: la primera, que era mentira. La segunda, que me encantaría que no lo fuera. Hace ya muchos meses de mi salida, y algo -todavía muy poco- se ha empezado a mover. Razones para una buena expectativa y apertura de canales de diálogo. Estamos todos a la espera de un efecto bola de nieve que permita consolidar nuestro optimismo. Dos fechas distintas para Matías Montero y claras perspectivas de que pueda existir tan sólo una con vistas a una actuación conjunta en 2.011.
servido por IGNACIO
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31 Diciembre 2009
(Dibujo de Fafa Madrid). El año que se va ha sido tremendamente interesante para el nacionalsindicalismo. Y yo añadiría que positivo, si bien dentro de la sensación general de crisis que atraviesa nuestra opción política en sus diversas manifestaciones y expresiones. A pesar de esta absoluta decadencia -caída libre la hemos llegado a calificar algunos- se han dado ciertos atisbos de rectificación de rumbos, así como de apertura en nuestras posibilidades de actuación, y siempre a través siempre de distintas iniciativas que -aunque de distinta naturaleza y procedencia dentro de nuestro peculiar universo político- han coincidido siempre en interés y en evidente trascendencia. Estas iniciativas han sido como rayos de luz dentro del túnel oscuro de nuestra situación, y nos indican que las cosas pueden estar comenzando a cambiar.
El año 2.009 ha patentizado la existencia de un falangismo integrista, agrio, apolillado, maleducado e intratable. Un falangismo de ventanas cerradas que imposibilita cualquier intento de cambio en nuestras desgastadas líneas estratégicas y tácticas. Por contra, existe un falangismo integrador, culto, abierto, formado y dialogante del cual -necesariamente- deberán partir nuestras nuevas formas de actuación. La mera marcha de los tiempos garantiza esta renovación en las ideas, en los proyectos y en las personas. Lo que ocurre es que -mientras esta renovación llega- existirá una fuerte resistencia de los viejos modelos a desaparecer. Esto es lo que ha ocurrido en el 2.009. Una mayor pujanza de los sectores más modernos de nuestra opción política, y una correlativa resistencia de los sectores más reaccionarios a marcharse y a dejar su actual sitio.
Porque el año que se va se ha caracterizado, ante todo, por ser un año de duro enfrentamiento entre falangistas. A mí modo de ver, ese duro enfrentamiento -en sus múltiples facetas públicas- no es sino la consecuencia directa de la incapacidad que han tenido los sectores más inmovilistas del nacionalsindicalismo para afrontar la crítica de un modo moderno y -sobre todo- responsable y maduro. Un debate público se hace imposible cuando una de las partes -lejos de dialogar o debatir acerca de los extremos planteados- cierra filas y empieza a descalificar personalmente al adversario. Ejemplo clarificador de mala -malísima- educación. Esto -y no otra cosa- es lo que ha ocurrido durante el enfrentamiento habido entre la corriente crítica REGENERACIÓN 2.009 y los herederos políticos de Diego Márquez. Una inusual pelea tabernaria propiciada por aquel sector de FE-JONS que pretende -tan sólo- la perpetuación eterna dentro de los cargos de responsabilidad del partido. No me canso de decir que cualquier cuestión humana -absolutamente cualquiera- es mucho más sencilla si se trata con buena educación. Por el contrario, todo se dificulta -de forma innecesaria- si un asunto no es tratado así. En definitiva, toda discusión correcta entre personas -sea de la índole que sea- consiste en hacer gala de una buena formación académica, de un lado, y de una buena educación, por otro. Al tradicional en la mesa y en el juego se conoce al caballero habría que añadir el tercer factor de -también- y en el debate político. Lo que ha pasado este año de 2.009 en este punto no es más que la demostración práctica de este viejo axioma. Sin educación es imposible el debate. Y es que a las abismales diferencias políticas existentes entre las partes, se ha unido aquí un evidente matiz cultural que ha hecho imposible una solución razonada y razonable, ya que son distintos los parámetros de conducta dentro de los cuales se desenvuelve cada parte.
Cuestión distinta -aunque sólo en parte- es la del llamado Frente Nacional, solucionada a lo largo de 2.009 mediante la terminación judicial del problema interno planteado dentro de La Falange (FE). El Juzgado terminó -a través de una larga y fundamentada Sentencia- con el problema que se había generado -a finales del ya lejano 2.005- al enfrentarse un sector militante a las decisiones unilaterales de la entonces Junta Nacional liderada por Cantalapiedra. El Juzgado declaró nulas estas determinaciones y decidió el pleito en favor absoluto de la Junta Nacional presidida por Manolo Andrino. Derechos de los militantes y base democrática frente a actuaciones arbitrarias de nuestros responsables. Y también -en este caso concreto- reafirmación de soluciones propias -netamente falangistas- frente a intentos organizativos extraños a nuestra doctrina.
Estos dos escenarios de conflicto tienen un denominador común, y yo creo que -por esta razón- son de interés para todos los falangistas y no sólo para los afiliados directamente afectados. Porque lo que se ha debatido en estos dos conflictos no es otra cosa que el modelo de partido que queremos. En ambos casos, ha existido un enfrentamiento entre los partidarios de un esquema partidario abierto y democrático frente a aquellos que postulan una estructura militante fuertemente autoritaria y jerarquizada. A mí modo de ver, este es el acontecimiento falangista más importante del 2.009: la irrupción de aquellos sectores rojinegros no conformes con los esquemas anticuados que les privan de sus derechos ciudadanos. El asunto es mucho más profundo de lo que parece, porque supone una pugna evidente entre los ámbitos políticamente maduros del nacionalsindicalismo y aquellos otros que no han conseguido adaptarse al natural paso del tiempo.
Porque los que hemos pretendido en 2.009 ampliar la base democrática de las formaciones falangistas -estemos o no militando en ellas y desde varíados puntos de vista políticos- no solamente estamos instando un mero cambio organizativo que -a la larga y sin remisión- podrá ser obtenido judicialmente sin mayores problemas. Lo que estamos propugnando es una redefinición de nuestro proyecto político, estructurada a partir de las ideas y aportaciones del mayor número posible de falangistas. Esa ha sido una de las ideas fuerza de REGENERACIÓN 2.009 o de los militantes de La Falange(FE) frente a Cantalapiedra: de un lado, iniciar un proceso de unidad y de redefinición de nuestro proyecto político común a través de un cambio democrático dentro de FE-JONS. De otro lado, el proceso democratizador culminado en LA FALANGE (FE) ha traído como consecuencia la reafirmación de un proyecto político netamente falangista, absolutamente alejado de formas populistas o frentistas que -precisamente- era el propugnado por el ala autoritaria del partido. Dos luchas internas que se encuentran -al día de hoy- en excelentes condiciones para converger.
Continuarán las acciones judiciales emprendidas en defensa de la legalidad y en interés de la determinación clara del marco de derechos y obligaciones de todos los falangistas. Los viejos sectores dirigentes deben comprender que están sometidos a la Ley, y que deben ajustar sus comportamientos políticos a los dictados de la legislación vigente. Ante conductas -tan políticamente impresentables- como las que han hecho gala estos dignísimos representantes del falangismo apolillado, la acción judicial no sólo es adecuada y conveniente, sino que es el único recurso con el que cuentan los militantes afectados por tanta medida arbitraria e injusta. Al final, serán los Jueces los que apliquen las reglas del juego, dada la absoluta imposibilidad que tienen algunos grupos dirigentes de aplicar estas reglas de convivencia por sí mismos. En este marco debemos entender las acciones judiciales ejercitadas contra los todavía responsables de FE-JONS. Sólo ellos -con sus actuaciones irregulares- son los que han motivado estas iniciativas procesales, y es sólo a ellos a los que sus militantes deban pedir cuentas de lo que ocurra a lo largo del año. Resulta no sólo inmaduro, sino tremendamente falaz, realizar apelaciones a la presunta solidaridad entre falangistas como medio descalificador de las acciones interpuestas. Y ello porque, de no haber sido emprendidas, no existiría solución alguna a los gravísimos problemas planteados. Esta estúpidamente alegada camaradería entre nosotros resulta inútil siempre y cuando el concepto no nos lleve a sentarnos en una mesa y alcanzar soluciones negociadas entre caballeros. Para eso también debería servir ser camaradas. Lo que resulta absurdo es argumentar camaradería para no acudir a los Tribunales y, al mismo tiempo, no ofrecer la mano abierta al diálogo y al consenso razonado.
La unidad falangista sigue siendo posible. No se trata de un mito o de algo irrealizable. Esa es la versión de la historia que nos ofrece -de manera constante y reiterada- el sector inmovilista como excusa para no hacerla. La unidad falangista es algo fácil y realizable de forma muy sencilla. Lejos de complicadas formulaciones ideológicas u organizativas, bastaría para poner la primera -y casi la última- piedra de una Falange Unida el hecho de apartar -de los cargos de dirección de FE-JONS- a aquellos falangistas que se han mostrado contrarios a cualquier movimiento en tal sentido. Apartando a Norberto Pico o a Jorge Garrido de la carrera a la sucesión de Márquez -Diego ya no cuenta políticamente en absoluto... salvo como símbolo de lo que no debemos ser ni hacer en el futuro- habremos puesto las más sólidas bases de la Unidad. Es fácil. Y es que sigue siendo vigente el esquema que -para la Unidad en tres fases- realizó REGENERACIÓN 2.009 a finales del año pasado: acuerdo integrador entre FE-JONS y La Falange y -después- llamamiento a la diáspora a los efectos de regreso a las siglas históricas, para así poder formular juntos -militantes o no- un nuevo proyecto renovado que se estrenaría -en sus pasos iniciales- en las Elecciones Municipales de 2.011 con una sola Candidatura falangista. Para conseguir este objetivo político, se hace necesario apartar a sus adversarios ancestrales. Nunca tantos -parafraseando a Churchill- están siendo entorpecidos por tan pocos. Los falangistas queremos unirnos y -las personas que impiden estos acuerdos de integración- están perfectamente identificadas y definidas en sus actos. Los máximos responsables actuales de La Falange (FE) se han mostrado siempre proclives a estos procesos unificadores. Los máximos responsables actuales de FE-JONS se han mostrado siempre adversos a estos procesos unificadores. Apartando de las siglas históricas a los enemigos de la Unidad... tendremos la Unidad. Y resultan inútiles cualesquiera otras disquisiciones al respecto, porque nunca antes hemos estado tan cerca de conseguirla.
Mención aparte merece el esfuerzo realizado por los falangistas que -sin militar en ninguna de nuestras organizaciones- siguen organizando foros de debate y exposición de ideas entre todos nosotros... vengamos de dónde vengamos y sin exclusiones ridículas. Los llamados falangistas sin falange como fuerza emergente provista de un importante papel en los próximos acontecimientos que efecten al conjunto del nacionalsindicalismo. Los falangistas sin falange superan amplíamente en número -y muchas veces en otros importantísimos factores tales como la formación, la edad o el bagaje profesional- a los falangistas encuadrados en organizaciones militantes, y están organizando iniciativas prácticas tan interesentes como el CENS -con sus Cursos, Seminarios y Mesas de Debate- o la tertulia mensual El Tiburón Convincente de Los Gallos de Marzo. Eso sin contar con las acostumbradas -y afortunadamente incesantes- publicaciones de ensayos y libros (Barbarroja y ENR como puntas de lanza de nuestro movimiento editorial). En realidad, estas actuaciones falangistas no son más que manifestaciones de esa pugna, a la que me he referido anteriormente, entre nuevas y viejas concepciones. El debate y la exposición pública de ideas constituyen un importantísimo factor de transformación dentro del nacionalsindicalismo, y es de suponer que continúen con fuerza dentro del 2.010.
Un año interesante pues el de 2.009. Y el de 2.010 no se presenta menos.
servido por IGNACIO
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20 Diciembre 2009
(Dibujo de FAFÁ MADRID). A todos aquellos de nosotros que -de manera periódica y constante- nos dedicamos a la crítica de las actuales líneas de actuación política y práctica de las organizaciones falangistas, se nos pide -muy a menudo- que expliquemos nuestro propio modelo de partido. Cansados -hasta los mismísimos- de escuchar o de leer nuestras quejas incesantes -a veces parecemos plañideras contratadas en un funeral hindú- muchos Camaradas nos exigen hablar un poco menos y aportar un poco más. Mojarnos... en castizo. Explicar qué clase de proyecto es el que, en realidad, motiva nuestras intervenciones públicas. Y es muy posible que tengan razón y que todo esto necesite una mayor explicación. Dejando al margen -por supuesto- el intrínseco valor positivo de la crítica.
Porque debemos partir siempre de la base de ser la crítica, en sí misma, un elemento muy positivo en el lamentable estado actual de la cuestión. Una forma de plantearnos -de forma correcta y racional- no sólo las varíadas posibilidades de actuación política que todavía nos quedan, sino de valorar las consecuencias negativas y positivas -en el caso de que todavía existan estas últimas- de lo que se ha estado haciendo en los últimos tiempos. En otras palabras... la posibilidad de decir lo qué se piensa en lugares adecuados para ello, y siempre con el único límite que el marcado por las buenas formas y el respeto recíproco. Puntos ambos de los que -por cierto- no están demasiado sobrados sectores cada vez más estrechos de nuestro universo político.
En realidad, la posibilidad que los falangistas tengamos de opinar acerca de la marcha de nuestras distintas organizaciones -así como de procurar la realización de las transformaciones propugnadas- es algo directamente proporcional a la concepción -más o menos participativa- que tengamos del propio partido. Si lo que queremos es un partido moderno y auténticamente democrático, serán muy altas estas posibilidades de participación. Si lo que queremos es un partido conservador y fuertemente jerarquizado, serán muy escasas y limitadas estas vías de expresión internas.
Los que somos partidarios de una transformación de las viejas estructuras de las organizaciones en entidades abiertas y democráticas propugnamos un incremento ilimitado de las posibilidades de participación de los falangistas en los asuntos que les son propios, así como de expresión libre de ideas, opiniones, conceptos y proyectos políticos. Y ello no sólo dentro del círculo cada vez más reducido de la propia militancia de cada uno, sino en relación a todos los falangistas. Estén donde estén y siempre que tengan algo que decir.
Por esta razón, yo creo que la primera medida que bien pudiera proponerse -dentro de nuestras organizaciones- es la articulación de espacios de diálogo y de debate interno. Formas y maneras de discrepar sin que ello suponga un innecesario enfrentamiento entre falangistas. La crítica y el debate como puntos de reflexión y como indispensables instrumentos de trabajo. El debate entendido -claro está- como aportación deseable a la marcha interna del nacionalsindicalismo y como punto de partida de las transformaciones necesarias en nuestras organizaciones. No entendido como cubo de basura en el que practicar el insulto anónimo, el linchamiento público o la mentira sistemática e impune.
Este concreto aspecto de la actuación crítica es lo primero que llama la atención de lo que ha ocurrido en este año -importantísimo para tantas de nuestras cosas- de 2.009. Cuando se habla -en general- del estado interno de nuestras organizaciones, lo primero que destaca es la falta absoluta de tolerancia frente a la crítica. El ejemplo ha sido clamoroso y llamativo. El caso suscitado por nuestra posición adversa a la gestión de la Junta Nacional de Falange Española de las JONS -el trinomio formado por Márquez, Garrido y Pico- resulta en extremo concluyente. Ante opiniones expresadas desde una perspectiva estrictamente política -falangistas que nos hemos limitado a decir lo que pensamos acerca de los ejes de actuación tácticos y estratégicos del partido- se ha contrapuesto una extrañísima conjunción de elementos personales -afirmaciones vejatorias acerca de nuestra vida privada- o profesionales -expresiones insultantes sobre la vida profesional de los discrepantes- pero nunca se han defendido -seria y detalladamente- las orientaciones políticas criticadas por estos sectores disconformes.
El resultado no puede ser más claro. Ha quedado demostrada la absoluta incapacidad del círculo rector de FE-JONS de actuar como actúa una organización política moderna e integrada. Ello hubiera supuesto saber encarrilar las voces de la oposición por los cauces internos adecuados, y aprovechar las opiniones críticas para enriquecer el partido en vez de empobrecerlo. A cambio de esta posibilidad, se nos han ofrecido extrañas y confusas maniobras que -lejos de clarificar las cuestiones a debate- han llevado la crisis interna a límites de opacidad insospechados y -por descontado- innecesarios. Ocurre muy a menudo en los asuntos políticos que nos afectan: a cuestiones modernas y usuales en la vida interna de todos los partidos políticos -dudas fundamentadas sobre la gestión de un equipo rector- se responde mediante argumento anticuados - como es la invocación a la disciplina y a la jerarquía o el recurso a los simples insultos personales- que, por descontado, no contribuyen en nada a resolver el problema o a intentar -cuanto menos- una prevalencia de los aspectos positivos que podría tener un proceso de debate interno como el abierto en este 2.009 que se va. Soluciones antiguas frente a problemas modernos. Cerrar filas y fe absoluta en el mando frente a la compleja situación de los partidos políticos en los inicios del Siglo XXI.
Si lo que se pretende es un cambio de fondo en la marcha de las cosas, deberemos encontrar primero la manera de expresar y debatir estas nuevas ideas... de ponerlas encima de la mesa sin que -por ello- tengamos que recurrir a la acritud. Y es que -cuando una opción política atraviesa una crisis tan profunda como la nuestra- ha sonado la hora del debate. Hemos entrado en caída libre y, ante este triste dato, todo aquel falangista que tenga alguna idea no sólo debe expresarla, sino tener una manera efectiva de hacerlas públicas. No se trata sólo del arquetípico el que quiera decir algo que hable ahora o que calle para siempre, sino de contar con espacios adecuados para hacerlo. Sólo a través de ideas correctamente debatidas podrá ponerse en marcha la transformación que, dentro de nuestro peculiar ambiente político, estamos propugnando. Por tanto -y como idea inicial- debemos articular instrumentos que permitan esta confrontación creativa entre nosotros.
Los sectores más reaccionarios del nacionalsindicalismo nos dirán que esos espacios de debate ya existen. Lo afirman -sin ningún problema- como si aquello fuera una verdad eterna e inmutable. Desde estas posiciones ultraconservadoras, se nos aduce que toda discusión interna debe realizarse dentro de los órganos estatutarios establecidos para ello. Se trataría de debatir y de votar, por ejemplo, en el seno de una asamblea general o de un congreso nacional de militantes. Sin embargo, esta afirmación no sólo es profundamente cínica -en el casi siempre mal sentido de la palabra- sino que es clarísimamente insuficiente.
Es cínica porque la realidad nos enseña que no siempre puede disentirse de las posturas oficialistas dentro de estas reuniones partidarias, y ello porque suelen estar férreamente controladas por los máximos responsables del partido. A los últimos -y muy recientes- ejemplos me remito. Recordemos, sin ir más lejos, las maniobras de obstaculización de la oposición ejercitadas por la Junta Nacional de FE-JONS, limitando o excluyendo los derechos -no sólo voto sino también de propia asistencia y de información- a los miembros de la corriente opositora REGENERACIÓN 2.009. Estas maniobras excluyentes tienen la finalidad de que los opositores no puedan acudir al normal desarrollo de estos órganos estatutarios de decisión interna. De ahí se deduce -y con independencia de lo que los tribunales puedan determinar después- que la amplitud del debate en estos órganos estatutarios dependerá -en último extremo- de las concesiones que a esos efectos quieran hacer los respectivos responsables.
Pero es que os decía también que esta opinión es -lógicamente- insuficiente. Y ello porque toda discusión deviene inútil si no puede realizarse en el momento adecuado y oportuno, no pudiendo pedirse que estas inquietudes deban esperar a poder ser expuestas -como mucho- una vez al año. Toda corriente interna debe no sólo poder utilizar instrumentos adecuados de expresión de su opinión libre, sino que debe tener la oportunidad de hacerla llegar al mayor número posible de militantes. Sin límites cronólogicos y sin importar el momento en que estas opiniones se expresen. Entender esta cuestión de distinto modo supondría una obstaculización insuperable a este derecho que debe, por su propia naturaleza, poder ser ejercitado siempre que sea preciso dentro de cada organización.
El problema tiene más fácil solución de lo que parece. Y es que no hay más que articular distintos instrumentos internos de participación activa del afiliado. Mecanismos de fácil implantación y extremadamente útiles al fin perseguido. Citemos unos cuantos y con un valor meramente enunciativo.
Podría comenzarse por una total apertura a todo falangista a expresarse en los Medios de Comunicación oficiales de cada uno de los partidos. En este sentido -y como posición contraria- puede citarse la constante y reiterada actitud de Patria Sindicalista -órgano oficial de FE-JONS- de no publicar aquellas opiniones críticas al oficialismo imperante. Estas actuaciones no sólo no son conformes a los buenos usos democráticos internos, sino que tienden a desdibujar notablemente la realidad del falangismo. Se ofrece, frente al lector, la falsa idea de un partido unido dotado de una voz uniforme. Sin embargo, la realidad es bien distinta ya que, como es sabido, existen voces discrepantes. Y como los lectores acaban dándose cuenta de esta impostura, el efecto ocasionado es lamentable para los editores, sobre todo en lo tocante a la pérdida de credibilidad.
La solución pasa por abrir estos Medios de Comunicación escritos. Incluso por reservar -de forma obligada- un espacio fijo para la expresión de las ideas opositoras. La militancia puede tomar así conocimiento de las distintas ideas que se están barajando, y optar por apoyar a la que estimen justa. Sólo así puede entenderse la formación de una opinión libre y responsable en relación a los asuntos concernientes al presente y al futuro del nacionalsindicalismo.
Mención aparte merece la expresión de ideas en internet. Las Nuevas Tecnologías vienen a facilitar -como nunca antes había ocurrido- la libre expresión y debate de ideas de una forma ágil y mayoritariamente pública. La Red se ha convertido en el mecanismo más fácil de transmisión de estas ideas, si bien se han puesto de manifiesto sus evidentes -y gravísimos- defectos. Desde el anonimato, se insulta al disidente, y se organizan campañas de persecución y difamación sistemática de quienes no piensan desde el oficialismo. La última crisis de FE-JONS nos muestra como un pequeño grupo de militantes -siempre a través de la difamación- intenta poner freno a todos aquellos falangistas favorables a las corrientes opositoras. La campaña desatada es de tal virulencia, que no sólo sirve para perseguir a los disidentes declarados, sino para disuadir a otros a intervenir en el debate en el futuro.
La solución es también sencilla, y pasa por una triple vía: primero se establece un Foro -o Foros- de carácter oficial. Después, se extrema el cuidado en torno a la Administración del mismo, cuidando en todo momento del tono general de cada una de las intervenciones. Por último, se exige la suficiente identificación de las personas que intervienen, a los efectos de evitar no sólo la difamación anónima, sino de responsabilizar a los foreros de las opiniones expresadas. Todo foro público de contenido falangista -sea o no sea oficial- debería tender a estas premisas simples que, sin duda, mejorarían su normal funcionamiento.
A mi modo de ver, el conflicto entre el derecho al anonimato en internet y el derecho a la defensa frente a ataques ilícitos al honor, puede resolverse aplicando rígidas reglas desde la Administración de los foros. Quien insulta y no se identifica, no podrá intervenir. Quien insulta y se identifica, sufrirá las consecuencias de su proceder ilegal, siempre que la persona aludida desee emprender acciones judiciales de defensa de sus derechos. Estas medidas anularían -de facto- cualquier clase de campaña pública de persecución difamatoria como las sufridas últimamente por los sectores críticos a la actuación oficialista, y facilitarían un debate enteramente libre y responsable.
Un último conjunto de medidas se basaría en la posibilidad de apertura de mayores espacios físicos de debate, tanto dentro del partido como fuera del mismo. Dentro del partido, este ámbito de discusión podría incrementarse mediante el aumento de la frecuencia con la que se convocan y celebran asambleas y reuniones territoriales y nacionales y siempre -por supuesto- estableciendo un carácter general e ilimitado en la asistencia de los propios afiliados. Facilitar la voz y el voto, y no restringirlo a extremos ridículos. Fuera del partido, debe fomentarse la asistencia a los numerosos espacios de debate falangista creados fuera de las organizaciones -por ejemplo, Gallos de Marzo o CENS- en donde debatir las distintas ideas no ya sólo frente a los críticos de la propia organización, sino frente a todo falangista interesado en la marcha de las cosas. La práctica de los últimos tiempos nos ha enseñado que cuanto más democrática es una organización, menos inconveniente tiene en debatir fuera de sus estrechos muros. Por contra, cuanto más anticuada y rígida es una formación falangista, más inconvenientes presenta a la hora de intervenir fuera de su limitadísimo círculo militante.
Una serie de ideas de organización practicables y muy sencillas, que transformarían profundamente nuestro actual panorama de exposición y debate de ideas. Y en la creencia de que, antes de llevar a cabo proyecto político alguno, el mismo debe ser adecuadamente discutido y conocido por la generalidad de los falangistas.
servido por IGNACIO
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24 Noviembre 2009
Con la debida perspectiva, y desde la adecuada distancia de mi recién estrenada libertad, he podido hacer un pequeño análisis de urgencia de los actos políticos falangistas celebrados este pasado 20 de Noviembre. Las Fiestas Patronales, castiza denominación utilizada -como recientemente nos recordaba un antiguo Camarada del FES- para englobar al conjunto de actos que, en la terminología oficialista del Régimen, conmemoraban el Día del Dolor... el fusilamiento de José Antonio. Y es que el Régimen tenía sobrados motivos para esta conmemoración anual... ni más ni menos que la desaparición física de José Antonio Primo de Rivera del espectro político español de la posguerra. Como para no celebrar este auténtico alivio en todo su fastuoso -y agradecido- esplendor.
Ahora estamos en el 2.009. Una España muy distinta a la de aquellos fastos imperiales franquistas. Y si bien todo falangista -más o menos lúcido, que de todo hay- puede ser consciente de los parámetros en los que hoy se mueve la realidad política, social y cultural española, nos empeñamos en reproducir -una y otra vez- esquemas caducos y formas muertas. Rituales vacíos de contenido y sin valor político alguno que -ni tan siquiera- sirven ya para dotar de cohesión a organizaciones políticas cada vez más pequeñas. Yo pienso que, en realidad, estos actos conmemorativos no son otra cosa que una muestra más de nuestra incapacidad ancestral de caminar al paso de los tiempos. Y es que, viendo instantáneas de este fin de semana -y en una primera valoración de urgencia- uno encuentra la confirmación rotunda a sus tesis sobre la urgentísima necesidad de redefinir nuestro proyecto político... sobre la imperiosa exigencia de un imprescindible desarrollo práctico del nacionalsindicalismo. Viendo las fotos -y leyendo las crónicas- de los actos políticos realizados en este fin de semana conmemorativo podemos afirmar que este desarrollo nacionalsindicalista ni está ni se le espera. Y ello a pesar de que -durante todo el mes de Noviembre- han tenido lugar interesantes iniciativas destinadas a resaltar la figura de José Antonio sobre cualquier otra consideración rituaria. José Antonio como figura política indiscutible al margen de mixtificaciones y demás vacías cáscaras arcaicas.
En este tema -como en todos los demás que nos afectan como opción política- debemos perder los complejos. Siempre que criticamos cualquiera de nuestros actos públicos se nos dice -invariablemente- que es muy fácil hacerlo desde casa o desde el teclado de un ordenador, y que es muy fácil criticar a los camaradas que hacen algo en la calle y que dan la cara. Este tipo de razonamientos no son más que una muestra más de inoperancia. De sentimientos frente a resultados. De esa política de muertos y testosterona que -como razón suprema- se nos invoca cada vez que se producen críticas racionales a determinados ejes de acción política, olvidando que son muchos más los falangistas que han dejado de acudir a esta clase de actos públicos que los que asisten a ellos, y que tenemos tanto derecho a discrepar -a defender públicamente nuestra alternativa- como a asistir a los mismos tienen aquellos a los que convencen esta clase de cosas. Tenemos derecho a criticar -estaría bueno- desde casa -cómodamente, por supuesto- y desde el teclado de un ordenador. Pleno derecho no sólo a no asistir, sino a la crítica.
Decíamos antes que se han producido interesantes iniciativas destinadas a agitar las aguas antes de este Fin de Semana. Pese a ello, podemos afirmar que el nacionalsindicalismo mayoritario está regido -al día de hoy- por una curiosa forma de gerontocracia. Para unos, esta gerontocracia tiene nombre y apellidos. El incombustible Diego Márquez Horrillo -nuestro octogenario favorito- tiene más de ochenta años y está reelegido -qué optimismo tenemos en utilizar determinadas palabras a veces- en el cargo desde el año 1.983. Este es el caso más llamativo: gerontocracia en estado puro aunque esa forma de gobierno sea -tal vez- su forma menos peligrosa. Porque yo creo que el problema no está en lo que -siempre de forma cariñosa y castellana- hemos denominado los viejos. El problema está en lo que -de forma menos cariñosa pero igual de castellana- hemos denominado los aviejados. Los relevos en los puestos de máxima responsabilidad en nuestras organizaciones que -lejos de traer aires nuevos y renovados- han calcado fielmente los esquemas mentales de los falangistas que nos han precedido, tanto en lo bueno como en lo malo. Formas viejas al frente de partidos jóvenes. Una mezcla disonante y muy poco explosiva. El resultado no puede ser peor, y no puede resultar más alejado de nuestra realidad social... jóvenes que piensan y actúan como viejos y partidos políticos que, a pesar de contar con una evidente base juvenil, actúan en política -de una forma u otra- siguiendo viejas pautas de actuación y sin ninguna proyección sobre la sociedad. Una gerontocracia de los jóvenes, basada en el gobierno de relevos generacionales aviejados y de líneas políticas también avejentadas. Una vez más, debemos resaltar el formidable papel que puede -y debe- tener la Hermandad de la Vieja Guardia, como organizadora -en exclusiva- de los actos públicos de recuerdo a nuestros Caídos. La Hermandad no sólo como punto de encuentro entre las distintas sensibilidades nacionalsindicalistas -o como zona libre de debate y desarrollo doctrinal- sino como organización encargada del recuerdo y homenaje a nuestros Muertos. Y mientras tanto nuestros partidos a ocuparse del día a día político y a la lucha social, que para eso están. Al menos en teoría.
Que así no vamos a ninguna parte no es -precisamente- un secreto a voces. Como ocurre con cualquier extremo relativo al universo falangista, este dato es conocido por todos y silenciado también por casi todos. Y sin embargo, seguimos insistiendo en el error. Marchas que ya no terminan en la tumba de nuestro Fundador y actos públicos de camisaje y entrega de medallas. Muy poco más a destacar. Leía recientemente un artículo de Eduardo Arias desde su barricada del NPE. Desde su perspectiva, hablaba de mantener a toda costa el acto tradicional de la Plaza de Oriente como instrumento -de indiscutible eficacia- para conectar, una vez al año, con la base social de sus distintas opciones políticas dentro del llamado nacionalismo español. La Plaza de Oriente como un ladrillo más de esa opción política que se está articulando en torno a un puñado de organizaciones y de ideas.
Nosotros -los falangistas- no tenemos Plaza de Oriente, aunque algunos se hayan paseado por allí a vender hipócritas mecheros. Nos falta un acto fetiche que nos aglutine anualmente. Ni falta que hace -en las condiciones actuales- porque tampoco tenemos una base social con la que conectar cada año. Yo creo que nos está llegando el turno. Hacer celebraciones mortuorias muy sencillas -cada vez más- y preocuparnos por construir una base social suficiente. La suficiente para no desaparecer del mapa político español y de frenar nuestra irremisible caída. Ese sí que sería un excepcional homenaje a José Antonio.
servido por IGNACIO
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27 Octubre 2009
Desde las filas de La Falange (FE) se vuelve a hablar -entre el conjunto de la militancia y a través de serias y reconocidas voces- sobre la necesidad de tender puentes con FE-JONS, nuestra formación hermana. Se habla de una política de contactos directos, y de establecer vías de coordinación sobre objetivos generales. No os voy a ocultar que estas afirmaciones públicas me gustan mucho -muchísimo- porque vienen a proponer líneas políticas en las que llevo -llevamos varios Camaradas y yo- trabajando desde hace varios meses. Y es que este asunto de la unidad falangista no puede ser considerado como una novedad... al menos durante los últimos años. Son múltiples los ofrecimientos realizados por La Falange (FE) en tal sentido.
Los más viejos del lugar recordamos la oferta de integración hecha a FE-JONS en Marzo de 2.006, todavía bajo el mandato de la Comisión Gestora Provisional. También recordamos la magistral propuesta basada en la formación de una Mesa Nacional para la Unidad de Noviembre de 2.006, o los positivos puntos unitarios de Marzo de 2.007 después de la Mesa de Granada, o la oferta de La Falange (FE) de un servicio jurídico común para la defensa de nuestra Memoria, o la idea lanzada por La Falange (FE) para presentar candidaturas únicas en las Elecciones Municipales de 2.007 y en las Elecciones Generales de 2.008... tantas y tantas iniciativas desarrolladas en estos últimos años siempre a instancia de nuestro Partido. Y tantas y tantas iniciativas siempre fracasadas entre nuestros sentimientos encontrados de impotencia, indignación y desánimo.
En Enero de 2.009, y desde el Blog de los falangistas de la Sierra, veníamos a opinar acerca del proceso sucesorio de Diego Márquez, entendido como otra gran oportunidad para los falangistas, y como nueva posibilidad de trabajar juntos en un objetivo común. En este sentido, se decía que NOSOTROS CREEMOS que, como paso previo a un GRAN ACUERDO entre sectores falangistas, es necesario el cambio en la dirección de FE-JONS para después, ya con la debida voluntad de acuerdo desde todos los sectores implicados, se debatan las grandes líneas de actuación del falangismo después de este cambio. A estos efectos, debemos organizar los foros de debate y de fijación de líneas estratégicas y tácticas mediante la articulación de instituciones adecuadas para ello: congresos, seminarios, foros, jornadas en la forma que, de común acuerdo, acordemos otorgarlas. Primero, concurrencia de voluntades y, después, fijación de objetivos y estrategias... los falangistas podemos presentar una oferta renovada y unida en las ELECCIONES MUNICIPALES DE 2.011...
Nadie puede negarnos constancia política durante los últimos años en torno a esta cuestión. En los últimos meses, la lucha interna encabezada por nuestros Camaradas de REGENERACIÓN 2.009 nos acerca -más que nunca- a la eventual proyección coordinada de nuestras organizaciones. Al menos mucho más que antes... porque cada paso que se da en aras de obtener un mayor grado de transparencia y de democracia interna dentro de FE-JONS es un paso que se da en beneficio no ya sólo de toda la comunidad falangista en general sino -más en concreto- de todo movimiento táctico que tenga por objeto el acercamiento entre ambas formaciones. Hasta ahora, los enemigos de la idea unitaria se habían aprovechado de la opacidad informativa entre sus bases para no llegar a acuerdos con nosotros. Este esquema desinformativo ha saltado por los aires a raíz del trabajo opositor de nuestros camaradas.
La falta de unidad no es algo mágico, inevitable o inexplicable. No es algo con lo que debamos de cargar -como un pesado fardo- los falangistas. La falta de unidad se explica muy fácilmente y tiene nombres y apellidos. Es fácil de diagnosticar y -por tanto- es también fácil de solucionar. Yo sé que lo cómodo es no darse por enterado de esto. Yo sé que es más fácil mirar para otro lado, y no arriesgarse a sufrir las iras de un pequeño grupo de censores talibanes. Yo sé que lo mejor es no saltar a la palestra pública y seguir lamentando en soledad lo desgraciados que somos todos. Yo sé que lo mejor es seguir teorizando sobre la unidad y olvidarnos de todo lo demás... de lo fácil que sería todo sin la presencia -en la otra orilla- de un conjunto pequeño de personas que llevan años impidiendo cualquier acuerdo. Todos lo sabemos. Porque el fracaso de cualquier propuesta de colaboración siempre ha chocado contra la voluntad de no más de cinco personas que siempre -siempre- se han opuesto a cualquier fórmula unitaria.
Si seguimos deseando una política falangista coordinada y una nueva etapa de actuación surgida desde -y bajo- las siglas históricas... la verdad es que lo tenemos muy fácil. Si nosotros ya no la queremos, lo mejor -claro está- será seguir como hasta ahora.
Pensad un momento en las razones por la cuales no hemos sido capaces de hacer cuajar las sencillas propuestas políticas que hemos estado proponiendo constantemente. Las razones que nos han llevado a no poder sentarnos alrededor de una mesa y de alcanzar -ni tan siquiera someramente- un acuerdo de puntos mínimos para una actuación coordinada. Ante este fracaso, se nos dirá -siempre en líneas generales y desde el absoluto desconocimiento o la más radical desvergüenza- que los falangistas somos así, y que no sabemos ni podemos ponernos de acuerdo. Algo así como una maldición bíblica que se remontaría a los Sucesos de Salamanca e incluso antes. Incluso se nos dirá -por "h" o por "b"- que la culpa de todo ha sido nuestra.
Sin embargo, todos -absolutamente todos- sabemos que ello no es así. Curiosa paranoia política que nos lleva -de un lado- a quejarnos amargamente de la fatalidad falangista pero conociendo -al mismo tiempo- el verdadero origen del problema. Y es que el fracaso -al menos en la fase temporal que nos ha tocado vivir- tiene nombres y apellidos. Ni más ni menos que el de las personas que han desempeñado los máximos cargos dirigentes en FE-JONS durante los últimos años. Partamos del análisis de hechos objetivos. La Falange (FE) ha demostrado con creces su voluntad, intención e imaginación en lo tocante a la propuesta de acuerdos unitarios. Estas propuestas son públicas, y están en nuestras hemerotecas para quien quiera consultarlas. Hemos ofrecido fórmulas y acuerdos de todas clases y colores, tendiendo siempre la mano hacia el diálogo. Nadie nos puede negar esta evidente circunstancia.
Por tanto, el problema ha estado en el otro lado... en la otra parte contratante. ¿O es que alguien puede afirmar seriamente que la negativa -constante y reiterada- a alcanzar acuerdos políticos con La Falange (FE) no ha venido siempre de la Junta Nacional que todavía ejerce funciones de dirección en FE-JONS? Esta negativa -constante y reiterada- a alcanzar acuerdos con nosotros es responsabilidad exclusiva del trinomio Márquez-Garrido-Picó. Estos tres dirigentes políticos han saboteado, torpedeado, obstaculizado e impedido cualquier acercamiento que -entre organizaciones- pudiéramos haber llegado a tener en el pasado reciente, y son las personas directamente responsables de nuestra división. Esta circunstancia es de sobra conocida por todo lo que se ha dado en denominar mundo azul exceptuando -claro está- al pequeño grupo de militantes que se encuentra todavía bajo su directo control. Este pequeño grupo lo niega, por supuesto. Y establece una estrategia política basada en decir que quienes opinamos esto lo hacemos movidos por inquina personal y no por responsabilidad política. Eso os ofrece una idea de la debilidad de sus postulados políticos y organizativos. Porque como falangistas -estemos donde estemos y militemos donde militemos- tenemos tanto la obligación moral de procurar políticas de coordinación entre nosotros, como el deber cívico o ciudadano de criticar aquellos aspectos políticos que, afectándonos de manera directa, no entendemos de forma positiva.
Y esta evidente responsabilidad no recae sobre ellos sólo por su actitud ante los hechos expuestos, sino por sus propias manifestaciones públicas... ¿cuántas veces les hemos oído aquello de que no les interesa la unidad? ¿cuántas veces les hemos oído afirmar la absoluta imposibilidad de llegar a acuerdos? ¿cuántas veces les hemos escuchado articular excusas en torno a esa gran mentira de FE-JONS Casa Común de los falangistas? Desenmascarar esta torpe -torpísima- posición política está al alcance de cualquiera que tenga tiempo y ganas de sumergirse en nuestra historia de los últimos años, y ello de forma cronológica y sistemática.
Estas tres personas -Márquez, Garrido y Pico- han diseñado una estrategia para el desenvolvimiento político a medio plazo del falangismo bajo las siglas históricas. Y en esta estrategia nosotros no cabemos. Ni se les pasa por la imaginación un acuerdo de coordinación con el resto de los falangistas. Como prueba reciente -y por si fuera poco lo expuesto anteriormente- lo han demostrado con su descortés actitud en torno a los actos públicos habidos desde la vuelta del Verano; falta de correspondencia en el apoyo oficial a nuestro Acto de Pamplona en relación a la nota pública de nuestra Junta Nacional para el suyo de Arenys de Munt... o la simple falta de agradecimiento oficial a nuestra organización por habernos sumado al mismo. Modos de actuación absolutamente intolerables dentro de un nacionalsindicalismo en crisis.
La solución al problema de la unidad es terriblemente simple. FE-JONS se encuentra profundamente dividida entre los que no quieren la unidad y los que sí pretenden acuerdos inmediatos con nosotros. Por tanto, la solución es sencillísima. Si seguimos deseando -de verdad- tender puentes hacia FE-JONS, se hace necesario el desplazamiento -de sus cargos de responsabilidad dentro del partido- de los enemigos de cualquier acuerdo de coordinación política entre organizaciones. No hay otra manera. Porque estos pactos no van a venir de un súbito y repentino convencimiento -una Caída de Damasco azul mahón- de Márquez, de Pico o de Garrido sobre la necesidad de llegar a un acuerdo de mínimos con nosotros. Esta postura es buenista, carente de toda base lógica y políticamente inoperante.
Si de verdad queremos llegar coordinados a objetivos políticos comunes, los falangistas de ambos lados que sigan creyendo en esta conveniencia debemos trabajar unidos. Apoyándonos los unos a los otros y coordinando una estrategia de desplazamiento del poder de estos responsables. Si queremos que todo siga como está -que es lo que quieren Márquez, Pico o Garrido- no hagamos nada. Déjemosles en paz y sigamos permitiendo que una minoría siga cercenando nuestros sueños. Y escuchemos -año tras año- las viejas monsergas acerca de una unidad imposible. Yo ya no me las creo porque -estoy convencido- el problema tiene muy fácil solución.
Como curioso colofón a este alegato, me gustaría dejar consignados unos curiosísimos rumores que se están escuchando en torno a este 20-N. Se dice que la Junta Nacional de FE-JONS vería con buenos ojos un acercamiento a La Falange (FE) derivado del estado de presión interna a la que está siendo sometida por sus bases en tal sentido. Esta maniobra se basaría en la idea de que en La Falange (FE) hay buenos falangistas y malos falangistas. Apartando a los malos -a mí, por ejemplo- se haría sencillo el acuerdo. OJALÁ el asunto fuera tan fácil porque -ni que decir tiene- gente como yo se apartaría inmediatamente en aras de ese acuerdo unitario. Soñar es gratis.
servido por IGNACIO
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