La Coctelera

EL BLOG DE NACHO TOLEDANO

Columnas, artículos y actividades de Nacho Toledano.

16 Agosto 2014

LA CURIOSÍSIMA INFILTRACIÓN AZUL MAHÓN.

En España, existe un sector de la izquierda –más o menos amplio- que ya ha decidido no sólo sobre lo qué es el falangismo, sino también sobre lo que debe ser. Un conjunto de profundos pensadores que ya ha determinado no sólo cuáles son y deben ser nuestros objetivos políticos mediatos e inmediatos, sino también cuáles son y deben ser nuestras líneas maestras de actuación pública. En el momento en el que no actuamos conforme a esa idea prefijada -lo cual ocurre muy a menudo como es lógico- este concreto sector político se siente obligado a ofrecer a su público una serie de delirantes explicaciones sobre las razones de nuestra actuación. La izquierdona y su siempre divertidísima –yo os recomiendo leer algo de lo mucho que publican al respecto porque no deja de tener su gracia- interpretación sobre la historia del nacionalsindicalismo y sobre sus postulados ideológicos. Unos pastiches infumables que lo mismo te mezclan a Strasser con Narciso Perales o al General Mola con Giovanni Gentile. Unos pesadísimos e iletrados plastas. Esto no es nuevo. Recuerdo los divertidísimos pollos que nos líaban estos analfabetos en la Sierra de Madrid a raíz de nuestra política de alianzas y apoyos electorales. En cuanto rompes la invisibilidad te atizan. Ahora, los chekafilósofos de la ultraizquierda han vuelto a poner de moda esta cuestión a raíz del respaldo que La Bandera Negra –que, por cierto, NO es una organización falangista- está dando a diferentes iniciativas políticas y sociales consideradas –en una catalogación cada vez más apolillada, inadecuada e inservible- como de izquierda.

 

Personas de muy buena fe no dejan de pedirnos -más o menos frecuentemente- que contraataquemos estos tochos soporíferos con otros tochos soporíferos. Que contrastemos datos, que barajemos elementos históricos y políticos y que, en definitiva, demostremos expresamente que toda esta mierda ideológica de la ultraizquierda no es cierta y que es profundamente errónea en sus ejes esenciales de planteamiento. Sin embargo, yo creo que perderíamos el tiempo. Perderíamos el tiempo no sólo porque a esta gente le es absolutamente indiferente lo que podamos decir al respecto sino también, y como factor esencial, porque a toda esta banda le falta base cultural suficiente como para comprender correctamente tus posiciones políticas. No sólo no quieren entender lo que escribes sino que -y eso es mucho peor- tampoco son capaces de entenderlo.

 

Llevamos lustros enfrentándonos a esta cansina cantinela, que sale a la luz cada vez que no nos comportamos como, siempre según estos milicianos de la cultura, debemos comportarnos. Esta concepción se basa en tres afirmaciones básicas: el falangista es un enemigo de la sana clase obrera. El falangista tiene como único objetivo político la esclavitud de la sana clase obrera. El falangista construye un armazón ideológico falso alrededor de las dos premisas anteriores, con el único fin de exterminar –más fácilmente y sin piedad- a la sana clase obrera.

Por estas tres razones, estos pseudotroskos han llegado a una conclusión irrebatible. Cuando nosotros apoyamos a tal o cual movimiento social no lo hacemos en normal ejercicio de un derecho legítimo, sino con un único y exclusivo ánimo de infiltración. Nosotros escondemos nuestra verdadera ideología a los solos efectos de acceder a organizaciones ajenas con fines espúreos. La infiltración azul mahón.

Pero, pese a lo que pudiera parecer a simple vista, los falangistas no somos tontos. Yo no niego que puede haber –los ejemplos los conocemos todos y ellos ya saben sobradamente quiénes son y a quiénes me refiero- dos o tres tontos del nabo. Bodoquines de estandarte, llamados así por la facilidad que siempre han tenido para marchar detrás de una bandera. Con su fátua estulticia, estos tontos de la picha no nos afectan –en absoluto- en la media del nivel intelectual del conjunto. Y es que, con independencia de que exista un elevadísimo porcentaje de frikis –supongo que como en todo grupo humano aunque, al ser tan reducido el nuestro, aquí puedan disimularse menos- y de personas que vienen muy maleducadas de casa –meñiquito levantado, malos modales y una forma muy cutre de encarar las cosas de la vida- no puede decirse que el promedio de la inteligencia de nuestra gente esté por debajo de lo normal.

En lo tocante a maniobras políticas –en el sentido de enfrentarnos a los avatares a veces sinuosos de la vida interna de una organización- nuestros apparatchiks se han manejado siempre con la pericia digna de un embajador florentino. Antes de dejarse levantar los culos del sillón –esos culos cada vez más grandes que tienen nuestros responsables- no vacilan en manejar con esmero el arte de la difamación, la filigrana del ataque anónimo, el recoveco de la extraña alianza, el rédito del trabajo ajeno, el orgullo de la ignorancia, la constancia en el halago inmerecido, el pundonor de la puñalada trapera, la destreza en la aproximación culera, la soltura en la desinformación y la maña en la destrucción de honras y famas. Todo eso -y mucho más- lo saben hacer de forma eficaz y competente muchas personas de nuestro entorno ideológico.

Por eso, es absolutamente falso que nos estemos infiltrando en las organizaciones de izquierda. Porque nos sobra cintura y tenemos pericia como para poder hacerlo de manera perfecta. Porque, si quisiéramos –de verdad- hacerlo, nada sería más sencillo. Bastaría con integrar en estos grupos a un puñadito de personas absolutamente anónimas que, sin mayores reparos, comenzaran a trabajar en la misma dirección de todos los demás. Tal vez -sin duda- ya existan falangistas que lo estén haciendo, no habiendo todavía reparado en ellos -ni lo harán- estos aguerridos defensores de la Fábrica de Tractores. Habrá quién lo esté haciendo pero a nosotros, por fortuna, no nos hace maldita la falta.

 

Como diría Séverine en Belle de Jour (Luis Buñuel 1.967), la discreción es uno de los pilares fundamentales de este negocio. Lo que resulta totalmente increíble es que intentáramos infiltrarnos por medio del esfuerzo de personas muy significadas dentro de nuestro ambiente político, tales como Ricardo Saénz de Ynestrillas o como yo mismo. Tan increíble que no creo ni que esta curiosísima orquesta roja se lo llegue a creer realmente, porque nadie se infiltra en ningún sitio por medio de personas fácilmente reconocibles.

En la política –como en la vida- siempre se debe comenzar recurriendo a la explicación más sencilla.

 

En realidad, la historia de nuestra opción política puede ser contada de un modo muy facilito y clarificador. Una breve historia para tontos que ayudaría –a estos aguerridos luchadores de Octubre- a entender mejor las razones de nuestra actuación pública. Contaríamos como el pequeño grupo de revolucionarios que desarrolló su actuación política durante la Segunda República –en defensa de un avanzado programa de profundas transformaciones sociales- fue literalmente sepultado por una avalancha de centenares de miles de -ideológicamente poco fíables- afiliaciones motivadas en la situación política creada en Julio de 1.936. Explicaríamos como fue eliminada físicamente la práctica totalidad de nuestra cúpula dirigente en los primeros meses de la Guerra, y como Franco disolvió por Decreto nuestro partido y lo fusionó con el resto de las formaciones políticas que habían apoyado la rebelión militar de 1.936. Explicaríamos como no fuímos capaces de defender nuestra independencia política respecto a los grandes poderes del nuevo Régimen.

 

Diríamos como, ante esta integración forzosa, una gran mayoría de falangistas decidió respaldar la actuación del Caudillo pero otro sector -en cambio- rechazó esta unificación. Comentaríamos como, desde esta forzada entrada de los falangistas en el llamado Movimiento Nacional, existieron dos corrientes o sectores que, de un modo u otro, se han perpetuado hasta el día de hoy: los que se identificaban con el Régimen y los que no. Explicaríamos como toda una corriente de pensamiento falangista, absolutamente alejada de los parámetros políticos del Régimen de Franco, desarrolló los grandes ejes de nuestra propuesta en torno a materias tales como la autogestión, la participación ciudadana, la democracia directa o el federalismo. Diríamos que los falangistas que, en 2.014, prestan su apoyo activo a estos movimientos sociales y políticos son los directos sucesores de aquellos que no encontraron su sitio dentro de los parámetros franquistas: de Manuel Hedilla, de Narciso Perales o de Javier Iglesias.

 

Fácil. Sin engaños y sin complicados planes estratégicos. Nosotros defendemos lo que siempre hemos defendido. Sin complejos ni falsas banderas, y mucho antes de que se originara la situación política por la que atraviesa España en la actualidad. Por eso, no es raro que estemos donde estamos, porque es una consecuencia natural de nuestra peculiar forma de entender la acción política. Porque somos herederos de una sólida corriente de pensamiento que, dentro del falangismo, abrió las largas avenidas de esta forma de entenderlo y de practicarlo. Al lado de los desposeídos, de los humildes y de los descartados, porque cada día estamos más lejos de nuestros bodoquines de estandarte. Y así, varios falangistas –entre los que me cuento- han apoyado el proyecto colectivo, autogestionario y federalista de La Bandera Negra. No somos más que otros ni ostentamos labor de dirección alguna dentro de ese nuevo movimiento político. Lo apoyamos por convencimiento y por una más que evidente sintonía con las ideas que mantiene y proclama.  Y si eso no les gusta a estos tontos de izquierda, peor para ellos. Siempre peor para ellos.

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4 Agosto 2014

EL VALEROSO PRODIGIO DE LA VIDA. PARA QUINO: MI AMIGO.

Estoy unido a Joaquín Rivera por esa clase de lazos invisibles tejidos por la amistad antigua y por el afecto duradero. Tenemos exactamente la misma edad y nos conocimos antes de 1.970. Colegio San Patricio Promoción de 1.980 y CEU de Julián Romea Promoción de Derecho de 1.986. Eso debe significar algo, sin duda, dentro del misterioso equilibrio de las cosas. Hemos pasado juntos muchos años –esas inolvidables noches de niebla y de canciones que Quino ha sabido describir tan bien en sus relatos cortos- en una España que crecía vertiginosamente al tiempo que crecíamos nosotros, y que se adentraba en los nuevos escenarios de una sociedad renovada y cambiante. España se echaba p´alante, con la primeriza ilusión de un novillero, y nosotros con ella. Después, vinieron miles de horas de trabajo también juntos. Codo a codo luchando en el mismo Despacho: barrenando, en lo posible, nuestro sistema procesal, litigando en pleitos a menudo imposibles, llorando las derrotas y celebrando –como sólo nosotros sabíamos hacerlo- nuestros rotundos éxitos. España había cambíado y nosotros también: presuntos adultos en el país presuntamente adulto de los felipismos, aznarismos, pelotazos... en el país olímpico del irás y te forrarás, en el que el dinero parecía ser fácil para todo el mundo menos para nosotros. Qué bien y qué mal lo pasamos entonces. Pocas líneas que -ni tan siquiera de forma aproximada- podrían contar todas aquellas cosas que aprendimos, todas aquellas cosas que vivimos o todas aquellas cosas que sentimos. Porque tú y yo sabemos que se trata de una simple cuestión de sentimientos: de risas y de lágrimas a corazón abierto. Después de muchos años sin habernos visto, volvemos a tener un contacto frecuente y divertido. Haber vuelto a Madrid ha tenido muchas cosas buenas. En esta triste España de Felipe VI y de Rajoy, hemos recuperado nuestro trato, después de tantos años de distancia y de caminos bifurcados. España ha envejecido y nosotros tampoco. La amistad.

A lo mejor, es eso la amistad. Un confuso conglomerado de emociones y de vivencias de muy distinta naturaleza y que nos llegan de sitios muy distintos. Confusas corrientes que se mueven, constantemente y en un sentido y en otro, entre las personas. Y así, la amistad serían las desgracias y las alegrías, las penas y los chistes fáciles. La amistad serían los cotilleos y la cultura compartida, y los pensamientos profundos, y los anhelos, los lamentos y los chascarrillos, y las risas y las lágrimas. La amistad serían la rabia y el miedo, y las tardes de tedio y el afecto y el tiempo transcurrido, y el hondo desencuentro y la diversión y el aburrimiento. Todo esto es la amistad: cuando dos personas han combinado estos elementos en el tiempo y en el espacio. Mirando hacia atrás, y habiendo superado ya el medio siglo, uno puede hacer tranquilamente esta clase de balances humanos, y recuperar muchas cosas que, en realidad, nunca se habían marchado: es posible así entender la amistad con la debida perspectiva. Mi amigo Joaquín Rivera y la profundísima alegría que nos ha regalado este verano.

Dice Quino que nos hemos equivocado muchas veces. Nada más cierto que eso. No creo que pudiéramos contar el número exacto de veces en la que la hemos cagado. Errores de verdad: de aquellos que determinan tanto nuestra forma de vida como la manera que hemos tenido, y tendremos, de encarar nuestras cosas. Monumentales errores que nos han hecho ser como somos, y que crearon, en su momento, una enfangada espiral de dolor, desilusión y miedo. Errores que marcaron -y que siguen marcando- el daño que nos hicieron y el daño que hicimos. Esa clase de equivocaciones que uno -como aquel niño tímido acurrucado en un rincón oscuro- no puede deshacer cerrando los ojos y queriendo creer que se trata de un sueño del que, más tarde o más temprano, te acabas acaba despertando acogido en un hogar feliz y cálido.

Quiero creer -a nuestros cincuenta y un años- que la noticia que nos ha dado Quino es una prueba cierta de la posibilidad de redención de esta clase de errores. Una noticia que absuelve, en sí misma, los pecados propios y los ajenos, y que nos devuelve la sonrisa: nos hace más felices en el convencimiento de que las cosas, las cosas de esta vida dura y muchas veces triste, pueden ser mejores. A sus cincuenta y un años, Quino va a ser padre de gemelos. Nada más y nada menos, y sin haber tenido hijos antes de todo esto. Joaquín Rivera me ha devuelto la fe en la valentía de las personas enamoradas, y en el hecho de que el milagro de la vida es per se tan poderoso y bello que  supera cualquier resistencia, limitación absurda o consideración negativa. El mundo por montera y un ejemplo de valor y de optimismo. Así se hace amigos.

No sabes lo que aprecio lo que me estás demostrando con esto Quino. Tus hijos van a ser una sonrisa franca y una pirueta de alegría en este mundo loco. Una noticia que me ha llegado al corazón. A lo mejor, porque llevo unos años pensando en que tener un hijo con la mujer que amas es lo más bonito y honorable que puede hacer un hombre. Tú sabes lo triste -lo profunda e irremediablemente triste- que me pone no haberlo hecho. Y, aunque sé que las cosas son así aunque las haya dado muchas vueltas, pienso muy a menudo en esa niña que me hubiera gustado haber tenido, como también me acuerdo de esa mujer maravillosa que hubiera debido ser su madre. Estas cositas del amor que afloran en el momento menos pensado, con su inevitable bagaje de desdicha. A la larga, uno acaba pensando en que vale la pena renunciar a tus sueños siempre que aquella persona a la que amas sea capaz de cumplir con los suyos. Por fortuna, vosotros no habéis tenido que renunciar a nada, y estáis encarando juntos un futuro difícil pero libre. Valientemente honesto y libre. Todavía no han nacido y tus hijos ya me están enseñando cosas... ¿has visto?

Mientras tanto, casi todos los días, esa niña que no tuve aparece en mi cabeza con el suave sonido de sus leves pasitos. Soñar con ella me hace sentir mejor, y me acerca a muy valiosos momentos del pasado. Es tan real que puedo verla cada vez que cierro los ojos. Envuelta en un aroma de baño reciente, camina entre la bruma sutil de los recuerdos que uno hubiera querido conservar. Me hace pensar en que ella está todavía aquí. Es una niña guapísima. Ha heredado los ojos grandes de su madre, y tiene el pelo de su mismo color castaño. Es una niña muy lista. Curiosea constantemente entre nuestros papeles y nos imita mientras trabajamos o leemos. Ha llenado nuestra casa de llantos y de risas, y de lamentos y de quejas, y de gritos y de exclamaciones de muy diverso tono. Ella es muy feliz, y transmite esa emoción de la felicidad a todas las personas que la rodean. Aunque a veces nos desesperan sus caprichos cursis, y aunque hayamos agotado el catálogo de los castigos que merecen sus frecuentes maldades, me llena de luz cada vez que me abraza. Ella es la niña más guapa y más lista del mundo. Es igual que su madre.

Felicidades amigo. Con el corazón.

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29 Junio 2014

LOS HOGARES LEJANOS DE ANA ALCAIDE.

Tiene el don de trasladarnos a aquellas regiones lejanas donde viven nuestros recuerdos más queridos: escuchar su música es conectar con estos resortes íntimos del alma. Con ella, sentimos el escalofrío sutil de la memoria y de aquellas cosas que perdimos y -quién sabe- si también nos enlaza con las premoniciones ciertas de aquellas que nos quedan por vivir. Intentaba explicarme todo esto cuando –el pasado viernes- tuve la suerte de volver a escuchar en directo el Concierto de Ana Alcaide en Getafe. La experiencia de sentir su música, esta vez en la pequeña Capilla del Hospitalillo de San José, y de emprender –con su obra- un viaje fascinante al interior de nosotros mismos. Una ruta de búsqueda que nos propone la misma Ana Alcaide, cuando dice que un gran viaje es el espejo de lo que somos... nos obliga a tomar conciencia de nosotros mismos: a descubrir nuestra esencia.

Tal vez, Ana Alcaide nos llega al corazón porque muchos de nosotros seguimos teniendo una llave colgada en la puerta de casa. La llave de esa otra casa inolvidable que –en otro tiempo y en otro lugar- perdimos para siempre. Ana Alcaide es la voz del destierro: del hogar perdido en la ciudad perdida. Yo también he perdido Toledo. Como aquel pueblo antiguo bañado por la luz azulada de la luna sefardita, yo también he sido expulsado de mis sueños. Ana Alcaide ha llegado al corazón de los que, de una forma u otra, iniciaron desde su Toledo el camino de un largo destierro. Por eso, al escucharla, he vuelto a pasear por la Calle del Angel adentrándome en la Judería. He vuelto a las callejas y plazuelas, a las Sinagogas, a Santa Leocadia y a Santo Tomé. He regresado a San Juan de los Reyes y a mirar la Ciudad, al caer la tarde, desde algún punto alto del otro lado del río. He vuelto a escuchar a Ana Alcaide tocando junto a la Catedral en primavera. Y así, durante los aproximadamente sesenta minutos de concierto, mi vida volvió a ser aquella vida, y mis sentimientos los mismos de entonces. Ana Alcaide y los eternos versos de los que tuvieron que marcharse, y de los que lloraron sobre pozos amargos de tristeza.

Nuestro Renacimiento Cultural no puede entenderse sin Toledo, sin el mito de Sefarad y sin la cultura sefardí. Los mimbres culturales del pueblo judío que, expulsado a finales del Siglo XV, había adquirido en España unos rasgos distintivos propios y bien diferenciados. Después de la expulsión, este mismo colectivo humano conservó un idioma –el ladino- y un amplio bagaje de tradiciones musicales y literarias, siempre mantenido a pesar de la distancia. Un trágico destino que forma parte, por derecho propio, de nuestra Historia y de nuestra Cultura con mayúsculas. La Luna y el Sol, como dice la canción de Ana Alcaide, en referencia a un pueblo que quiere volver a Sefarad pero que no es capaz –al igual que el día y la noche- de reunirse otra vez con su tierra. Una historia de amores imposibles, de íntimas renuncias y de profundo desarraigo, que encuentra en la magia de Toledo un símbolo adecuado.

Hoy, todos somos sefardíes y estamos desterrados. Humillados y escarnecidos por actuaciones de un poder injusto, nos vemos condenados a vagar por las rutas del abandono y del desarraigo. Desterrados de nosotros mismos, estamos pensando en el retorno. Pensamos en una vuelta a formas de vida más sencillas y, desde luego, mucho más sinceras. El regreso a lo elemental como forma suprema de expresión de lo que somos y de lo que sentimos. El retorno al alma de un pueblo proscrito. A mí, desde que la escuché por primera vez, Ana Alcaide me ha evocado siempre ese mundo soñado y futuro: un mundo asentado sobre la base de lo mejor que seamos capaces de ofrecer, y un resultado musical que puede ser considerado un lujo en estos tiempos desesperanzados. Los sueños de un mundo más feliz siempre han tenido -y tendrán- un fondo musical de viola de teclas y de ecos de antiguas leyendas. La música que nos hace soñar y nos devuelve a un hogar lejano.

La viola de teclas –la nyckelharpa- es un instrumento tradicional sueco. Ni en su origen ni en su posterior desarrollo, la viola de teclas ha tenido relación alguna con la cultura de los judíos que vivían en la Península Ibérica. Ana Alcaide descubrió este instrumento en Suecia y lo adaptó a las composiciones tradicionales sefardíes. Es esta una metáfora perfecta de los caracteres propios de nuestra cultura. Nosotros supimos integrar elementos distintos dentro de un todo armónico. Por eso, una vuelta a nuestras raíces culturales supondría –qué fácil y que difícil a la vez- volver a saber combinar elementos distintos de también distinta procedencia. Ana Alcaide ha interpretado aires sefarditas con una viola de teclas –un sonido clarísimo, nítido y limpio- acompañada por un músico neoyorquino y por otro alemán: en Getafe la acompañaron sus habituales Bill Cooley y Rainer Seiferth. Una conjunción perfecta entre temas de la vieja Castilla y músicos e instrumentos foráneos.Una síntesis de lo que culturalmente hemos sido capaces de hacer a través de los siglos.

Ana Alcaide se ha hecho tremendamente popular en Toledo. Se la puede ver tocando por sus calles y plazas cuando el tiempo y su agenda de conciertos lo permite. Tiene tres maravillosos discos editados. Viola de Teclas (2.006), Como la Luna y el Sol (2.008) y La Cantiga de Fuego (2.012). Está trabajando en el cuarto. Ha interpretado versiones de música tradicional y ha trabajado en composiciones propias. Absolutamente imprescindible, podéis seguirla en su Web: http://anaalcaide.com/

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14 Junio 2014

NORBERTO PICO: UN GRIEGO SIN COMPLEJOS.

Cuando el Capitán Kirby York intenta convencer al envarado Coronel Thursday sobre la ferocidad guerrera de los apaches mescaleros –el Coronel acaba de asumir el mando de Fort Apache y se muestra incrédulo sobre la valía combativa de esta tribu enemiga- le cuenta que, hace ya algunos años y al atacar la nación sioux a este mismo clan apache, los indios agresores habían sido casi exterminados por los terribles mescaleros, y que había podido seguirse el itinerario de su desesperada retirada a través de los cadáveres que iban dejando en el camino.

A mí, esta escena de Fort Apache me recuerda a Norberto Pico. Obviamente, no por su fiera acometividad, sino por las circunstancias que rodearon su llegada a la denominada Jefatura Nacional de Falange Española de las JONS. Porque la entronización de Norberto Pico pudo seguirse, de verdad, a través de los muertos que iba dejando en el camino: una verdadera masacre de militantes desafectos que, por medio de una peculiar política de bajas y expulsiones, motivó la eliminación de toda una corriente crítica interna y su elección en el cargo –qué optimistas somos a veces manejando conceptos- sin ninguna oposición democrática dentro del partido. Todo esto me vino el otro día a la mente: ventajas de la edad, de la experiencia y de la memoria. Fort Apache 1.948. John Ford y sus incesantes lecciones sobre las cosas de la vida.

Me acordé de Norberto Pico cuando me dijeron –por mucho que lo intento ya no soy capaz de reirme con estas cosas- que andaba por ahí presentándose a sí mismo, tras las últimas Elecciones Europeas, como representante de una especie de tendencia falangista integradora. Una tendencia que –desde la altura moral de los 21.577 votos obtenidos- constituiría un ejemplo de crecimiento sostenido y constante dentro del falangismo. Esto no es una broma. Nos lo dice Norberto Pico desde su incomparable lema electoral: un español sin complejos. Vivir para ver. Es como si Amador Mohedano escribiera una tesis doctoral sobre las virtudes de la fidelidad matrimonial. Lejos de meter las manos en los bolsillos, fijar los ojos en el techo y silbar -en otras palabras, lo que viene siendo pasar inadvertido- nuestro amigo se atreve a decirnos lo que hay qué hacer: audacia sin límite de un ámbito político que se crece a la salida de varas.

Supongo que Norberto Pico sabe –lleva tantos lustros embarrado en el fango viscoso de la maniobrería falangista que por fuerza tiene que saberlo- que no es lo mismo la integración que el integrismo. Norberto Pico –en su misma esencia y antes de cualquier otra cosa- es un integrista. Y los integristas no se integran. El tiempo que Norberto Pico lleva en el ejercicio de su cargo podría resumirse en el esfuerzo por concitar las simpatías de, estrictamente, dos clases de personas: uno las que son ideológicamente afines, y dos las que no discuten su liderazgo dentro del partido. Con estos sí que se integra bien Norberto Pico: la integración integrista del ayuntamiento entre iguales. Pero con los que son ajenos a su visión del mundo no se le ve, en absoluto, cómodo. Con estos se integra muy mal, y tiene rotundos y sonoros fracasos. Aunque estos sainetes nos dejen la imagen increíble de ver a este campeón del nacionalsindicalismo embutido en una camiseta amarilla o expulsado de una manifestación de mineros con la gloriosa bicolor a la espalda.

Este español sin complejos dirige una organización cada día más pequeña y más cerrada. Un pequeño partido que, dando vueltas sobre sí mismo, tan sólo se abre para recabar el respaldo del facha, para captar al incauto o –sin más pretensiones- para aprovechar el apoyo de aquellas personas sencillas que pasan por allí y que no conocen la verdadera trayectoria de esta banda. Eso es lo que lleva haciendo Norberto Pico, de forma sistemática y consciente, desde mucho antes de estas últimas Elecciones: mover a la organización como pez en el agua entre la extrema derecha y con la extrema derecha, y procurar que exista un solo yugo y flechas sobre la mesa de las papeletas de voto. Tampoco con demasiado éxito ya que, justo en ese concreto ámbito político, sobran tanto proyectos negros como personas para liderarlos: personas con muchísima más preparación que Norberto. Nada nuevo bajo el privadísimo sol del sucesor de Diego Márquez.

La verdad es que yo no conozco los esfuerzos de Norberto Pico en aras de la integración de los falangistas. No he tenido esa suerte. Los que conozco bien –en cambio- son sus esfuerzos por encalomarme procesalmente ante el Juzgado de Primera Instancia Número Tres de Guadalajara. Resulta que este gran integrador nos demandó –al Camarada Israel Galve y a mí y en nombre del grupo que dirige- porque afirmaba que estábamos entorpeciendo la posesión de la sede de su partido en Guadalajara: una sede que hace lustros que FEJONS no posee. No hay nada como ir por el mundo haciendo amigos Norberto: muy en la línea de la extensísima tradición quirulante y follonera de su directo antecesor.

Pude zafarme de esta inaudita acción procesal sin demasiado esfuerzo. Guerra profesional tenemos para eso y para mucho más. Han perdido el juicio por supuesto. Otro éxito de este español sin complejos que tampoco va a salir gratis al partido que todavía dirige. Unos doce mil euros en concepto de costas que FEJONS deberá abonar a Israel Galve y, en su nombre, al resto de los falangistas de Guadalajara. Otra cagada que pagarán los afiliados con sus cuotas y los donantes con sus aportaciones, pero nunca –nunca- pagará Norberto Pico de su propio bolsillo. El Jefe está por encima de estas cosas: él la caga y vosotros pagáis. Otra cagada que será silenciada ante el conjunto de la militancia o que será explicada con ese modo tan peculiar que tienen de explicar sus cosas: es decir, no diciendo la verdad y creyendo que los falangistas somos tontos del culo. Me va a encantar saber su versión de los hechos. Diez contra uno a que te meas de risa.

Pude zafarme sin problemas de este intento de Norberto para encalomarme. Pero me han quedado muchas dudas sobre esta asombrosa y muy chapucera demanda con la que me quiso endiñar en el coco y en la cartera este gran revolucionario. Unas dudas que merecen –cuanto menos- que nuestro gran conciliador se siente delante de un Juez a dar explicaciones. On the road again, y la inmensa torpeza de un responsable político que, teniendo en su mano la posibilidad de conciliar posiciones, de cerrar heridas y de coordinar sectores distintos –de integrar realmente a falangistas de procedencias muy distintas- ha optado por resucitar viejos enfrentamientos y por reavivar hogueras apagadas.

Este español sin complejos ha calculado –si alguna vez lo ha hecho- muy mal la situación. Siempre he mantenido que la gente maleducada confunde los gestos honorables con la debilidad. Eso es lo que le ha pasado al Jefe Nacional. Cuando, tras dos años de lucha por un proceso sucesorio limpio y democrático en FEJONS, le dejamos aterrizar en paz en su cargo reciente fue porque –a diferencia de él- teníamos una vida que solucionar y porque creíamos –de buena fe- que era el momento de enterrar el hacha en función de los nuevos rumbos políticos traídos por la recesión. Así ocurrió en mi caso concreto, y así lo anuncié públicamente en el 2.011. Pero estos no entienden más que el palo.  Y confunden las cosas. Y reabren un problema que muchos considerábamos ya cerrado: el problema de tener a personas de estas características con poder de decisión dentro de ese entorno político.

Si no fuera por el inconfundible look de maestro paellero segorbino de nuestro Jefe Nacional favorito, bien pudiéramos creer que nos encontramos ante Norberto El Griego. Porque aunque Norberto no tiene –ni por asomo- el aspecto de Anthony Quinn en Zorba El Griego (Michael Cacoyannis 1.964), el episodio del funicular me recuerda mucho a Norberto y a su dream team. Aquel episodio del funicular que ha diseñado durante meses Zorba y que se desploma con estrépito en medio del pánico general. La escena genial en la que Zorba le dice a su patrón aquello de... Jefe... ¿a qué no ha visto nunca usted un desastre tan magnífico como este? Y ambos –haciendo gala de una visión mediterránea del mundo y de la vida- bailan riendo un sirtaki, en la playa y al caer la tarde, sobre los restos del desastre. Estos han aprendido a bailar -sin el estilo de Anthony Quinn y sin la música del genial Theodorakis- sobre los restos del desastre. Norberto El Griego. Para que luego digan que el Cine no nos enseña nada.

Y os lo digo con todo el cachondeo sano e insano del que soy capaz. Me da igual todo lo que digáis de mí en las redes sociales y fuera de las redes sociales. No sabéis cómo me resbala y de qué forma me la sopla. Me da igual que digáis esto o lo otro sobre mi profesión, sobre mis clientes, sobre mis amigos o sobre mi vida privada y pública. Me da igual que me amenacéis públicamente o desde el anonimato. Me da igual la postura perversa e hipócrita practicada por muchos de vosotros, conociendo todo esto y callando para no tener problemas: allá la conciencia de cada uno y la forma que elige para andar por la vida. Me da igual que se diga que me inmiscuyo en la vida interna de una organización y me da igual que se afirme que, ante sencillísimas críticas políticas como la mía, se unen y se apiñan aún más los de dentro. Me da igual cualquier cosa que organicéis en mi contra. Me da igual que pergeñéis alguna de vuestras fintas de curato. Estoy a años luz de cualquiera de vosotros. Tengo la inmensa suerte de no representar ya a nadie o a nada, de tener la certeza de que todo este gang representa lo peor de nuestra opción política, de saber expresarlo y de tener todo el tiempo y las ganas del mundo para –desde mi libertad- seguir la trayectoria pública de este gran falangista que es Norberto Pico y del partido que dice liderar.  Norberto El Griego y sus desastres magníficos.

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2 Junio 2014

EL REY NO HA MUERTO... ¡¡¡VIVA EL REY!!!

Desde que el mundo es mundo, las reglas del juego han sido siempre las mismas. Se trata de coronar a un Rey para que reine hasta que muera. Y cuando muere, es coronado un descendiente suyo para que –a su vez y en infinito y monárquico bucle- reine hasta el final de sus días. Cuando esto no sucede así, cuando un Rey no muere coronado y abdica, es porque algo no ha funcionado bien. Hoy se hace evidente, otra vez, que en España hay muchas cosas que no funcionan bien. Y eso que se pretende dar a la abdicación real un tono de cierta normalidad institucional que, desde luego, dista mucho de tener. El Rey se marcha –entre otras muchas cosas que ya sabemos hoy o que ya sabremos mañana- porque este tinglado no funciona.

No está el horno para bollos dinásticos en esta paradisíaca Alemania del Sur. Millones de desempleados, miles de desahucios, una banca inmoral rescatada, desintegración territorial, una clase política desprestigiada, varias generaciones pagando nuestra deuda pública y un tejido industrial deshecho. Agotada España de la recesión y de la pobreza, navegando entre las olas de una crisis que nos ha desarbolado a todos. La Monarquía ya no sirve –si alguna vez sirvió- para garantizar nuestra estabilidad. La abdicación del Rey no es sino un reflejo más de la agonía de un modelo político agotado.

España se abre inesperadamente –este 2 de Junio de 2.014- a una oportunidad histórica. La salida de Juan Carlos I –el símbolo por excelencia de la España de los viejos esquemas- podría desembocar en esa Segunda Transición que tantos y tantos ciudadanos españoles estamos propugnando. La apertura de un proceso político que –respecto al futuro de la Monarquía en España- gire en torno a dos pilares esenciales. De un lado, la articulación de una consulta ciudadana vinculante sobre nuestra forma de Estado. De otra, la exigencia incuestionable de responsabilidad política y penal al Monarca saliente. A través de esta doble vía, podría comenzar el proceso político que desemboque en nuevas fórmulas nacionales de convivencia.

Es la oportunidad de debatir profundamente nuestra forma de Estado: de discutir sobre la Monarquía. Podría ser el momento idóneo para consultar a nuestros ciudadanos sobre si quieren vivir su vida dentro de una Monarquía o de una República. Un debate público, profundo y reposado sobre esta cuestión de naturaleza esencial para nuestro futuro que, visto lo visto al tiempo de estar escribiendo estas líneas, se está pretendiendo escamotear a nuestro pueblo. Se está tramando una sucesión dinástica organizada a toda prisa, y absolutamente alejada de cualquier idea de supervisión y de decisión ciudadana: una pirueta cortesana que pretende perpetuar la Monarquia frente a un creciente clamor público netamente republicano. El Rey no ha muerto y, sin embargo... vive el Rey.

Es la oportunidad de demostrar una total transparencia en el control democrático de los poderes públicos. Investigar exhaustivamente el aspecto patrimonial de estos treinta y nueve años de reinado borbón. Auditar cada euro que haya engrosado las arcas personales de Juan Carlos I y hacer públicas las conclusiones de esta investigación. Una auditoría que nos informe no sólo sobre el monto total de la fortuna regia, amasada durante todo este tiempo, sino sobre el origen de cada uno de sus conceptos. Y castigar duramente –con todo el rigor de la Ley- al ciudadano Juan Carlos de Borbón si queda formalmente acreditada la utilización de su cargo público en beneficio propio.

Ha abdicado Juan Carlos I. Y no nos vale el tradicional tanta paz te lleves como nos dejas, porque Juan Carlos no nos deja una España en paz ni una sociedad confíada. Se marcha el Rey de un barco que tiene abiertas varias vías de agua, y se marcha a disfrutar de un retiro de oro. Cambiar a un Rey por otro como intento de parchear este Sistema moribundo. Una ciudadanía participativa y consciente debe oponerse a ello.

Debemos oponernos a una sucesión monárquica automática y no acordada -ni consentida- por el pueblo español. Debemos rechazar la incuestionable impunidad de la Casa Real en orden al control de sus diversos negocios privados. Y debemos postular la apertura de nuevos espacios democráticos dentro de un nuevo tiempo político. Estuvimos contra Juan Carlos I como estaremos contra Felipe VI. Estaremos frente a la Monarquía propugnando una Tercera República para España. Hoy, día 2 de Junio de 2.014, acaso estemos más cerca de la República que ayer... ¿es viable la España de Felipe VI? Muchos entendemos que no.

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31 Mayo 2014

BIENVENIDO SUBCOMANDANTE GALEANO!!! MAÑANA CON EL E.Z.L.N!!!

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6 Mayo 2014

SOBRE PADRES, BUENOS MODALES Y OTROS USOS DE CONDUCTA ORDENADA.

La extrema izquierda nos ha puesto de moda. La Bandera Negra está de moda por obra y gracia de este peculiar sector político. Una ultraizquierda marginal, y marginada, que se caracteriza no sólo por una violencia extrema en sus actuaciones públicas, sino por un más que marcado semianalfabetismo político. Dicen cosas muy raras –ahora están intentando cargarnos el mochuelo de su propio vandalismo durante el 22-M- y sus análisis políticos son extremadamente lineales y escandalosamente toscos. Por eso mismo, tienen gracia. Porque cuando la izquierdona se pone seria, y sus voceros aventuran teorías sobre nuestros –según ellos- verdaderos fines políticos o sobre –según estos mismos intelectuales- nuestra verdadera ideología, no puedes evitar reirte. Sobre todo cuando renuncias a analizar seriamente lo que dicen y te dejas llevar por el buen humor y por el sano cachondeo.

Sin embargo, la extrema derecha no tiene esta misma gracia. Porque, aunque un sector del ultraderechismo coincida con sus primos de izquierda en predicar la violencia irracional, aquí -en España- las tesis de la extrema derecha suelen venir cubiertas bajo un pesadísimo barniz de seriedad y de falsa cultura. En este país antiguo y sabio, estos no sólo pretenden abrirte directamente la cabeza, sino que también aspiran a castigártela –cursis modales de meñique levantado y mano blanda- con interminables disertaciones sobre la misa en latín, el olor a azufre que flota sobre el Concilio Vaticano II, la intrínseca maldad de la modernidad, la vileza del divorcio, la validez de la organización territorial borbónica, la perversidad catalana y las siempre malas intenciones del socialismo. Un pastiche infumable sin nada que ofrecer. Por eso, no es extraño que me aburra muchísimo Intereconomía. La Cadena que tanto gusta a nuestro celtibérico facherío.

No suelo ver Intereconomía ni he seguido de cerca la carrera de Eduardo García Serrano. Lo principal que conozco de su trayectoria es que, muchas veces y desde este sector ultramontano, se nos le ha querido hacer pasar por alguien digno de confianza. A los ultras les gusta mucho. He llegado a escuchar de él –dicho ello seria y razonadamente- hasta que era un buen falangista. La caverna y sus afirmaciones insólitas.

Hace unos días, tuve que ver El Gato al Agua porque iban a entrevistar a Ricardo Saénz de Ynestrillas sobre La Bandera Negra. Lo que pude escuchar entonces de Eduardo García Serrano fue todo menos elegante. Aunque buscar la elegancia en ciertos ambientes políticos o periodísticos –muy a menudo son lo mismo- sea en España tan difícil como encontrar un puesto de trabajo estable y digno.

Se escandalizaba el contertulio que Ricardo Saénz de Ynestrillas participase en un acto de homenaje a Seán South –militante de Ejército Republicano Irlandés muerto en combate el 1 de Enero de 1.957- cuando su padre había sido asesinado por ETA durante la Transición. Algunas personas plantean cuestiones como esta de forma circunspecta y responsable, y yo en absoluto dudo que –aunque denoten una total ignorancia sobre lo que estamos defendiendo- crean sinceramente en la solidez de su argumento. No sé si este es el caso. Lo que sí que sé es que no deja de tener su gracia –una gracia sórdida e inadecuada- que Eduardo García Serrano saque a relucir la memoria de un padre asesinado para contradecir posiciones políticas ajenas. Porque, puestos a hablar inconvenientemente de contradicciones políticas y de padres, o de ambas cosas a la vez, este reputado contertulio tendría muchas cosas que contarnos. Porque todos tenemos padres y porque todos sabemos ser inelegantes cuando toca. La derechona y su inveterada mala educación que, una vez más, ignora una de las más elementales reglas del parvulario. La de que a los padres no se les toca.

Contradicciones. Nosotros podríamos preguntarle, por ejemplo, cómo es posible que un escritor de la talla de Rafael García Serrano –de cuya pluma han salido las páginas más hermosas y mejor escritas desde el nacionalsindicalismo y sobre el nacionalsindicalismo- pudiera proclamarse diariamente falangista mientras que –también de manera constante y cotidiana- sirviera de irredento apologeta de un Dictador y de una Dictadura. Yo tuve el honor de escuchar cómo se lo preguntaban personalmente y en varias ocasiones. Y, aunque el tiempo transcurrido nos haya dado una mayor o menor cultura y unas mayores o menores entendederas, yo –cosas de mi ignorancia y de mi torpeza- sigo sin entenderlo. O lo entiendo –lo que es peor y más doloroso- demasiado bien. Rafael escribía de una forma tan maravillosa que, a la larga, carecen de importancia estas cosas: cosas de la vida que, a cada uno, le toca vivir. Pero también nosotros, con la misma sagacidad informativa de la que ha hecho gala su hijo, y puestos a vincular actuaciones paternas con las propias, podríamos interesarnos qué es lo que hubiera opinado el gran R.G.S. sobre Intereconomía, sobre su línea editorial, sobre el tono habitual de sus tertulias televisivas y sobre tener a un hijo ganándose el pan cotidiano en medio de esas compañías. Mezclar a los padres y a sus vivencias propias con las vivencias propias de los hijos. Caca, en definitiva.

Porque lo que yo nunca hubiera hecho es preguntárselo a su hijo. Imagino que se trata de una simple cuestión de elegancia. Nos movemos en ambientes políticos caracterizados por repulsivos hábitos de comportamiento. Ricardo Saénz de Ynestrillas, por desgracia, está acostumbrado a que –día sí y día también- le mienten al padre para rebatir cualquiera de sus propias opiniones. Otro más de los precios –asqueroso peaje- que en España se tienen que pagar si te atreves a manifestar públicamente tus puntos de vista.

Lecciones de democracia y de tolerancia civil impartidas por Eduardo García Serrano. El contertulio condenado por haber llamado en directo a Marina Geli, Consejera de Sanidad de la Generalitat de Cataluña, “guarra, puerca y zorra”. Me cuesta dar la razón a todos aquellos que, llamándome abiertamente marujo porque me gusta Sálvame, propugnan la formación de una opinión pública democrática y responsable a través de formatos televisivos tales como el de El Gato al Agua. A veces, el sello peculiar que imprimen algunos de estos programas al debate político no está tan alejado de Sálvame como pudiera parecer. A lo mejor, hasta acabamos aproximando posiciones. Debe ser porque soy un clásico pero, puestos a elegir entre ambas posibilidades de telebasura, yo me sigo quedando con la de siempre, con la que no tiene pretensiones. A mí modo de ver, siempre serán más divertidos los desastres amorosos de Oriana -o los deslices de Aguasantas- que los apocalípticos discursos de los gurús informativos que nos ofenden desde sus inamovibles poltronas. Al menos, Oriana y Aguasantas no te obligan a meterte en el lodo.

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3 Mayo 2014

CENTAUROS DEL DESIERTO: UN HERMOSO VERSO DE ODIO Y DE DERROTA.

Un Martes 13 yo tenía que haber muerto. El 13 de Septiembre de 2.011, tras un brutal accidente de coche en la M-40 de Madrid, yo tenía que haber muerto. Cada vez estoy más convencido de ello y, por una cosa o por otra, raro es el día en el que esto no me viene a la cabeza. En esas fechas, estaba yo iniciando una nueva fase de mi vida. Un particular viaje a ninguna parte emprendido sobre el desolador paisaje de una desilusión infinita y de un daño inmenso que tampoco he sido capaz de cerrar. En Septiembre de 2.011, yo iniciaba mi singularísima inmersión en la profundidad del fracaso: en el lugar donde las cosas han dejado de valer la pena. Por esta razón, tal vez no fuera algo casual que –justamente esos días- yo tuviera la ocasión de ver Centauros del Desierto (The Searchers) del Maestro Ford (1.956) en pantalla grande y en V.O.S. En una sala de proyección y de la misma forma en que concibiera esta película el mejor Director de Cine de la Historia.

No existen las casualidades, porque nadie como John Ford ha sabido contar la crónica de un íntimo viaje a lo peor de nosotros mismos. Una obsesiva peregrinación al mismísimo centro de la derrota y de nuestras propias frustaciones que –comenzando y terminando en el mismo lugar- constituye una perfecta espiral de soledad y de tristeza.

Ethan Edwars es la derrota. Un hombre que, envuelto en la luz de la mañana, regresa a un hogar que no es el suyo después de una guerra perdida. Desde su misma aparición, Ethan Edwars empieza a generarnos preguntas de muy difícil –o tal vez no tanto, y eso da miedo- respuesta: cuestiones terribles sobre la inadaptación, sobre el fracaso y sobre una vida destrozada. Los prodigiosos recursos narrativos de Ford que, en muy pocos minutos, nos ofrecen las claves adecuadas para entender correctamente este relato. Elementos que nos indican que estamos ante un antihéroe dotado de siniestras aristas.

La mujer que ama se ha casado con su hermano y ha formado con él una familia. Ethan Edwards se ha marchado muy lejos –en algún momento de un pasado remoto- no sólo porque tenía una guerra que librar, sino también porque ha dejado de tener un lugar en el mundo. Ha tardado años en regresar -la Guerra ha terminado hace mucho- y no dejamos de preguntarnos la razón de su vuelta justo en ese momento. No sabemos qué es lo que ha estado haciendo, pero lo imaginamos. Todo aquel que crea que John Wayne es un actor plano y sin registros debería analizar su trabajo en The Searchers: la profundidad de su mirada nos lleva a una inquietante sima de dolor y de resentimiento que –tan sólo y de una manera pavorosa- se llega a vislumbrar desde el principio de la historia. Ethan Edwards representa la derrota de unos ideales políticos –la Confederación- y de un proyecto personal: un inadaptado que prefiere los espacios abiertos de Monument Valley al techo de un hogar que no tiene, y uno de los personajes más maravillosamente complejos de la cinematografía de Ford.

Su familia es aniquilada por la partida de guerra del Jefe Comanche Cicatriz. Los comanches matan a todos ellos, menos a las sobrinas de Ethan, que son raptadas por la tribu. Comienza entonces la búsqueda de las niñas que, a lo largo de cinco años, emprenderá junto a su joven sobrino adoptado Martin Pawley, un mestizo unido a las niñas por fortísimos lazos de lealtad fraternal. Un sobrino medio indio que Ethan no es capaz de querer ni, muchísimo menos, respetar. La búsqueda de sus sobrinas es una bajada a los infiernos: un descenso a las sombras más siniestras y oscuras que acechan, escondidas, tanto en las trastiendas de toda sociedad civilizada como en las profundidades del alma humana. El racismo, el odio y los viejos rencores que -a través de los ojos de Ethan Edwards- jalonan la búsqueda de las niñas secuestradas.

Ethan Edwards y Martin Pawley son las dos posibles caras de un modelo social o –en otra lectura no menos inquietante- las dos facetas que habitan en cada ser humano. De una parte, nuestro lado oscuro: un resentimiento racista de odio al diferente y de superación de nuestros conflictos internos por medio de la confrontación y de la falta de piedad. De otra parte, un mundo joven y esperanzado que, presidido por el amor –el amor de Laurie y de Martin sirve de luminoso contrapunto a tanto odio- es capaz de superar las contiendas y las contradicciones por medio del aprendizaje y del diálogo. Viejas concepciones frente a nuevas ideas. El odio y el rencor que, hundiendo sus raíces en un pasado doloroso, impide cualquier visión conciliadora del presente.

Tenemos la inequívoca certeza de que Ethan ya no busca a su sobrina Debbie nada más que para matarla -ha dejado de merecer respeto en su particular concepción de las cosas- y de que Martin le acompaña para evitar que pueda hacerlo. Una búsqueda para cometer un asesinato piadoso que Ethan cree la única salida viable para la niña. Una visión -soterrada y personal visión de Ford que, una vez más, atraviesa las delgadas líneas que definen el género del Western- sobre los conflictos raciales que sacudían los Estados Unidos de la época. Una visión que es válida para toda sociedad tensionada por un conflicto entre grupos humanos diferentes.

No en vano –tampoco es casual- en 1.955 la valiente actitud de Rosa Parks había iniciado la Revuelta de los Autobuses de Montgomery en la sureña y ultraconservadora Alabama. Un movimiento que culminó con la declaración de inconstitucionalidad de las leyes de segregación racial en los transportes de ese Estado del Sur y que, a muy corto plazo, acabo repercutiendo en toda la nación. John Ford rueda The Searchers dentro de una sociedad que se está transformando por medio de la integración racial y de la superación de los esquemas sociales racistas. Un modelo político que se estaba extinguiendo en favor de nueva sociedad cambiante. Martin Luther King y la lucha por los derechos civiles. Por eso, Ethan Edwards –lo mismo que su enemigo el Jefe Cicatriz- es la representación perfecta de un esquema social que está desapareciendo: de un mundo que se muere porque es incapaz de ofrecer nuevas respuestas a conflictos antiguos.

Cuando Ethan deja a su sobrina Debbie en la seguridad de su nueva familia –en uno de los finales más grandes que nunca se han rodado- podemos ver como todos ocupan su lugar en el mundo. Desaparecen de plano sin, ni tan siquiera, dedicar una mirada a Ethan. Todos encuentran su lugar menos él, perdido de nuevo en la belleza de un paisaje inmenso. Ethan Edwards es el fracaso oscuro: el lado tenebroso de la derrota asumida y aceptada. Ethan Edwards desaparece para que los demás puedan seguir viviendo en paz. Tal vez sea, por esta razón, Centauros del Desierto un verso –un triste y maravilloso poema fordiano- dedicado a los vencidos de todas las batallas y de todas las guerras. Una bella canción de pérdidas y de perdedores, entonada en honor de los que han sido descartados. Y, por descontado, una lúgubre oda dedicada a nuestros peores -y más bajos- instintos. The Searchers... un viaje al mismo corazón de la desesperanza.

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Ignacio Toledano Martínez es Abogado en ejercicio del Ilustre Colegio de Madrid. Tiene 51 años. Escribe periódicamente en los Medios EXTRACONFIDENCIAL, DIARIO DE LA SIERRA y MEDITERRÁNEO DIGITAL.

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